Colaboraciones: XXV años de salud mental comunitaria: rotos y retos (Francisco Martínez Pardo)

 Conferencia inaugural de las X Jornadas de la Asociación Murciana de Salud Mental-AEN, a cargo de Francisco Martínez Pardo

PROBLEMAS DE SALUD MENTAL

LA MANIPULACION GLOBAL: LA IDEOLOGIA DEL MIEDO, EL ODIO Y LOS FANATISMOS

 Hace bastante tiempo leí que si la Tierra fuera realmente inteligente hubiera hecho todo lo posible por deshacerse de nosotros, los humanos, pero sí, la tierra es más inteligente de lo que creemos, de alguna forma se autorregula. A menudo hemos creído o nos han hecho creer que la Tierra estaba hecha a medida del hombre y que su historia coincidía con la de la humanidad pero ahora sabemos que la Tierra tiene miles de millones de años y la historia del ser humano es sólo de 200.000 años, apenas un segundo de ese inmenso período cósmico, nos creemos el ombligo del mundo pero en la Tierra somos unos invitados de última hora y estamos aquí gracias a un afortunado accidente. Pero hemos sido artífices de grandes adelantos tecnológicos y nos creemos los mejores: nuestra raza, nuestro país, nuestra región o nuestro pueblo y ahí comienza la triste historia del racismo, de la xenofobia y de los genocidios.

Nuestro cerebro que tiene capacidades excelentes como la aptitud para hablar, el talento musical y el matemático tiene también sentimientos que influyen poderosamente en el funcionamiento del mismo y que son básicos a la hora de tomar decisiones.

Si hay un aspecto fundamental para la Salud Mental que ha estado totalmente descuidado ha sido la educación sentimental: educar los sentimientos, controlar nuestras emociones y gestionarlas de manera correcta haciendo frente a la adversidad, a los fracasos, a saber relacionarnos con los demás, eso lo hemos ido aprendiendo aquí y allá por pura empiria y algún consejo de padres, profesores y amigos. Los grandes enfados, los ataques de cólera que en otros tiempos cumplían la función de garantizar la supervivencia pueden crearnos problemas.

Por si no se han dado cuenta estoy tratando de llevarlos de la mano para conducirlos ante dos sentimientos, emociones o pasiones con las que nos manipulan a menudo gobiernos y mercados económicos: me estoy refiriendo al odio y al miedo.

Ambas emociones solemos gestionarlas mal y de eso se aprovechan otros.

Los centenares de miles de alemanes que cometieron atrocidades en el Holocausto judío no lo hicieron solamente porque obedecían órdenes de sus autoridades: la obediencia sólo no explicaría estas aberraciones, que sólo se entienden por la siembra de odio que el nazismo ideó para que alemanes corrientes vieran a los judíos como monstruos criminales y odiosos y se convirtieran en “verdugos serviciales de Hitler”.

Cuando una élite de poder quiere destruir a un país, una raza, una etnia recurre a sus expertos para diseñar un Programa de odio. ¿Qué hace falta para que los ciudadanos de una sociedad acaben odiando a ciudadanos de otra hasta el punto de querer aniquilarlos? Hace falta una Imaginación hostil, una construcción psicológica implantada en las profundidades de la mente mediante una propaganda que transforme a los otros en “el enemigo”. Esta imagen del enemigo es la motivación más poderosa del soldado, la que carga su fusil con una munición hecha de odio y de miedo.

Piénsenlo bien: detrás de cualquier acto colectivo criminal explicable por intereses de codicia de dinero y de poder hay una inoculación programada de odio y de miedo a un enemigo. Ya lo había advertido Maquiavelo en El Príncipe: “Pues sabido es que los hombres sólo agreden por miedo o por odio”.

La imagen de un enemigo aterrador que amenaza nuestro bienestar personal y la seguridad nacional da a las madres y a los padres el valor para enviar a sus hijos a la guerra y facilita a los gobiernos para declararla presionados por unos lobbys financieros ávidos de poder y dinero.

Todo esto se hace con palabras e imágenes. El proceso se inicia creando una imagen estereotipada y deshumanizada del otro, que nos presenta a ese otro como un ser despreciable y todopoderoso pero diabólico, como un monstruo que representa una amenaza real contra nuestras vidas, nuestras creencias, nuestro bienestar, nuestros más preciados bienes. Cuando se ha conseguido que el miedo cale en la opinión pública se dice que el peligro es inminente, que la amenaza es enorme y eso hace que el pacífico actúe como un guerrero, que el razonable actúe de una forma irracional y que el indeciso actúe con una obediencia ciega.

La difusión de esos enemigos en imágenes visuales, en titulares de periódicos , en portadas de revistas, en la TV, el cine, en internet, hace que esa imagen se fije en los recovecos de nuestro cerebro primitivo, en el sistema límbico, donde residen las potentes emociones del miedo y del odio.

Los políticos y los financieros han utilizado con frecuencia el miedo para unificar y enardecer o aterrorizar a una nación. El miedo y el odio son rápidos cementos. Las conspiraciones, las amenazas, aunque sean ficticias, los enemigos peligrosos unen mucho y cuando un país siente miedo está dispuesto a cambiar libertades por seguridad, bienestar por seguridad. Uno de los pilares básicos del fascismo es el miedo. Que el enemigo tenga armas de destrucción masiva, que en cualquier momento pueda utilizar contra nosotros justifica una invasión, una guerra que en realidad tiene otras motivaciones. Los códigos penales, las penas de muerte pretenden evitar que la gente delinca metiéndole el miedo en el cuerpo con el castigo.

El psicólogo social Sam Keen ha descrito cómo usan esta propaganda todos los países que van a la guerra creando esa imaginación hostil y ha revelado el poder transformador de estas imágenes del enemigo en la psique humana llevándonos hasta la exasperación de pensar que “jamás el enemigo será amigo ni aunque esté muerto.”

Nuestro cerebro difícilmente está dispuesto a cambiar de creencias y dedica mucho tiempo y energía a dividirnos entre “nosotros” y “ellos”: piensa demasiado en diferentes banderas, himnos, patrias, color de la piel, religiones y en estos temas alimenta sentimientos viscerales. El cóctel explosivo de la maldad es azuzar en el cerebro humano dos emociones básicas: el odio y el miedo. Todo lo que nos da miedo puede ser odiado y el odio multiplica por diez el miedo que difunde. Los terroristas lo saben bien y de ahí la fiereza de sus rostros cuando los detienen o los juzgan, su aire desafiante: el odio los mantiene en pie y lo transmiten en imágenes a los suyos y a sus enemigos para que sepan que el odio seguirá destruyendo aunque ellos estén en la cárcel.. Ya lo había dicho Lenin: “el fin del terrorismo es atemorizar”. Así sucede con el terrorismo político y el terrorismo financiero.

Por eso más que al que pone las bombas, más que al soldado que dispara hay que temer a dos clases de individuos: los sembradores de odio ( los imanes en las madrasas, los etarras en las ikastolas, algunos periodistas y políticos en sus medios) y los agitadores del miedo ( las agencias Moody´s y Standard and Poors por ejemplo). Hay que desenmascarar a los sembradores de odio y a los agitadores del miedo. Son una mínima parte de la población que causa muerte y dolor a millones de personas.

El miedo es uno de los hilos que tejen la humanidad a través de los tiempos. La humanidad para protegerse de él ha hecho de todo: crear los estados, inventar y refugiarse en las religionesel miedo está en todas las religiones que protegen contra él- y utilizarlo para dominar a los demás. Ya Maquiavelo enseñó al Príncipe que debía valerse de él para gobernar: “ Debe en suma el Príncipe hacerse temer de modo que si no se granjea el amor logre al menos evitar el odio porque puede muy bien ser al mismo tiempo temido y no odiado.”

Introducir el miedo facilita el ejercicio del poder político.

Kurt Goldstein escribió:“ No existe mejor medio de esclavizar a la gente y de destruir la democracia que crear en las personas un estado de miedo”.

El miedo es la emoción política más potente y necesaria, la gran educadora de una humanidad poco fiable e indómita. El miedo de la vida diaria tiene una serie de hijos que lo acompañan y representan y que nos resultan familiares: la angustia, la ansiedad, el temor, el terror, el pánico, incluso la timidez, la fobia social… “El día en que yo nací mi madre parió dos gemelos: yo y mi miedo.” había dicho Tomás Hobbes.

Una de las fórmulas más refinadas de la maldad es “meter miedo”. Hay quien disfruta sádicamente metiendo miedo a los niños, aterrorizarlos con cuentos infantiles, con la oscuridad, etc. Y hay otros, los que llamamos azuzadores del miedo que se lo inoculan a los adultos con fines perversos. Y si ese miedo va acompañado de odio ya dijimos antes que era el cóctel explosivo de las emociones humanas más poderosas: miedo más odio es como goma dos. Podemos sentir miedo casi de todo y tendríamos que estudiar este mecanismo corruptor expansivo. Por eso el que provoca el miedo corrompe y debe ser tratado como un corruptor. Corrompe las relaciones, los sentimientos, las situaciones, la integridad, el yo. Por eso el miedo se expande como una enfermedad.

Ya la mera percepción de un peligro alerta y asusta al ser humano. Hacer sentir una amenaza real o imaginaria es la forma de intentar infundir miedo a alguien. “Contra lo oscuro fracasa el yo” había dicho Rilke. Y los miedos frecuentemente proceden de la oscuridad.

¿Qué provoca miedo? Un montón de cosas: la soledad, la barbarie, las catástrofes, el chantaje, la crueldad, el daño físico o psíquico, lo desconocido, lo imprevisto, las desgracias, el encarnizamiento, la enfermedad, lo espantoso, la ferocidad, el horror, lo ignoto, lo incierto, la inclemencia, el infortunio, lo inhumano, la inmisericordia, la inseguridad, la intimidación, la locura, la mala suerte, la maldad, la monstruosidad, la perversidad, el sadismo, el salvajismo, lo terrible, la violencia…

 Se dice que sería fácil buscar un medicamento que fuera eficaz contra el miedo; por ejemplo se sabe que la hormona antidiurética, la vasopresina es el mediador de la sensación de miedo y está en estudio un antagonista selectivo de la vasopresina que bloquea la sensación de miedo pero es posible que nunca se comercialice dada la misión que el miedo tiene en la especie humana como regulador del comportamiento. El hombre con miedo es más dócil, más dominable. Podríamos convertirnos en una comunidad de psicópatas si no fuera por el temor a las leyes, a la cárcel, a la ruina, a la guerra, a Dios, a la culpa, al desprestigio social. Ya lo decía Spinoza: “es terrible que las masas pierdan el miedo.”

Hay una psicología evolutiva del miedo. Los miedos humanos a la separación de los padres y a los adultos extraños son comunes entre los 8 y los 22 meses. El miedo a los compañeros de la misma edad aparece algo más tarde. El miedo a los ojos que miran fijamente a los ojos es un fenómeno muy extendido en el reino animal. Probad a mirar fijamente a los ojos a un perro que os ladre furiosamente: lo intimidáis.. Hay miedos innatos. Cuando nuestra pareja nos abandona ello afecta a la base cerebral y biológica del amor, no sólo a los celos, no sólo a la autoestima. En la base biológica del amor se superponen y comunican dos circuitos cerebrales: el de la vasopresina/occitocina ( la hormona del miedo y la del apego) y el de la dopamina , el neurotransmisor del placer y de la recompensa.

El desamor suele causar en uno de los “partenaires” unas ganas enormes de cortar la relación y en el otro un tremendo esfuerzo por evitarlo. El abandonado sufre un fuerte desamparo.

El desamor desentierra los miedos, el pánico que el niño tenía de sentirse abandonado por sus padres. El desamor se entiende biológicamente como desprecio y en la historia de la evolución el desprecio implicaba la expulsión de la cueva, de la caverna, es decir, la muerte segura.

 Los primeros miedos se fijan en la amígdala y la amígdala es como los elefantes, no olvida nunca.

Hay dos patologías que se acusan ya mucho en este siglo y las estamos padeciendo a tope: el terrorismo político y el financiero.

El terrorismo es una de las formas de usar el miedo con fines políticos. El nombre proviene de la etapa jacobina de la Revolución Francesa. Fue en ese caso un terrorismo de estado. Para la Revolución Francesa el temor que sentía la víctima se consideraba señal de culpabilidad. “Cualquiera que tiemble en este tiempo es culpable”, sentenciaba Robespierre y añadía: “mi corazón está exento de temor”. El fin justificaba los medios, creencia que siempre anida en la cabeza del terrorista. El odio existe en cada uno de nosotros. Nos asedia desde fuera y gruñe desde nuestros adentros, el odio nos habla cada día. El odio infunde y difunde odio. Las bombas humanas de los terroristas islamistas funcionan con odio. Un odio que ideólogos y religiosos lo visten de motivos, de justificaciones, de ideología, de pretextos. El odio es en suma el acto de conservar, alimentar o engordar una cólera, a base de contar o contarse historias horribles.

Esto que se hallaba suficientemente claro con el nazismo y el odio a los judíos y con el islamismo y su odio a Israelitas y occidentales lo estamos ahora experimentando con el terrorismo financiero. Recordemos que lo más aterrador de los nazis y de los terroristas suicidas es su total normalidad como han podido  constatar psiquiatras y psicólogos que los examinaron. Los culpables eran los programas de odio: los terroristas y los torturadores no nacen, se hacen.

Uno de los pecados capitales de todos los tiempos, la codicia, el deseo ávido de poseer y el afán por conquistar y tener  más poder son las causas de la grave crisis financiera que afecta al mundo y ahora singularmente a Europa, Desde antiguo se asocia a la clase mercantil ( afán de beneficio) y a la clase financiera ( afán de usura ) con la codicia y la avaricia. Una de las formas más normales de la codicia y de la avaricia es la pasión por el dinero, el fetiche supremo que te da acceso a poseer todo o casi todo.

Los marxistas siempre han afirmado que todas las guerras se han emprendido por dinero. En esta guerra financiera se vuelve a utilizar la pasión del miedo para conseguir sus objetivos.

Empezaron a meternos miedo tras los atentados de las Torres Gemelas y los de los trenes de Madrid, continuaron con el deshielo de los polos, la peste aviar, las armas de destrucción masiva de Irak, la gripe A, los experimentos nucleares de Corea y de Irán. No han parado de meternos miedo en todo lo que llevamos de siglo para tenernos asustados y paralizados pero el final ha sido esta crisis económica con las amenazas diarias de derrumbe financiero, de primas de riesgo, rescates financieros, etc.

Dijeron al empezar la crisis económica en EEUU: vamos a reformar el mercado- desregulado desde los tiempos de Reagan y la Tatcher- para que esto no vuelva a suceder pero el mercado los ha reformado a ellos, los gobernantes, que han ido cayendo uno a uno.

Como dice Vicente Verdú: “la crisis posee una personalidad y unas secretas inclinaciones que reproduce en todos sus términos la máquina perfecta para generar terror. No sólo las instituciones financieras se hallan contaminadas sin que se sepa el grado ni exactamente el por qué tras ingentes gastos para sanearlas, sino que además las mismas autoridades advierten que no pueden fiarse de aquellas agencias de calificación puesto que sus calificaciones se hallan también contaminadas y la contaminación , la basura, la toxicidad o la excrecencia no hacen sino formar parte de la materia económica como si efectivamente el mal hubiera penetrado tanto en su naturaleza que ha logrado transformarla en un nuevo factor a combatir.”

Sobre la garantía de las agencias de calificación se apoyaba la resistencia y la confianza del sistema. Pero si estos pilares vacilan carcomidos de mentiras, si las autoridades que debieran de saber de sus composiciones no logran determinar siquiera su grado de fiabilidad ¿qué cabe sino ponerse a temblar?

El pánico se halla en la fase especulativa y la fase de pánico forma parte de la dinámica de la especulación.

La gran crisis conómica que estamos padeciendo deriva de la codicia de financieros sin escrúpulos. Las primeras páginas de los periódicos revelan políticos corruptos asociados a hombres de negocios que los sobornan. Las tres agencia de calificación más antiguas y poderosas ( Moody´s, Standard and Poors, y Fitch) pueden hundir económicamente a países ( informes dudosos, tratos de favor, cifras alteradas). Cobran millones de dólares al año y han sido parte importante de la actual crisis financiera: el 92% de los productos financieros calificados por ellos de la máxima solvencia (AAA) en 2006 fueron degradados en pocas semanas a bonos basura. Millones de personas en el paro con el sufrimiento humano que conlleva, millones de empresas quebradas, pobreza, hambre, humillación, desesperanza, suicidio, una generación entera de jóvenes perdidos, el panorama es desolador.

En esta crisis, en esta Gran Recesión, los mercados han utilizado “ la economía del miedo”.Ahora, el miedo que siempre ha sido un fiel aliado del poder político y social ha abandonado los temores tradicionales-la muerte, la enfermedad, lo nuclear, las catástrofes naturales, el terrorismo- y se ha convertido en un miedo a la economía, a la pérdida de empleo, a la disolución del estado de bienestar, a la inseguridad económica, a convertirnos en los “nuevos pobres” como antes hubo “ los nuevos ricos”, al comedor de Cáritas y a la exclusión social. Han hecho nacer un nuevo miedo, el pánico a los mercados que están engullendo bienestar social, conquistas ciudadanas y “el derecho a tener derechos”.

Quieren que aceptemos el miedo y que nos rindamos. “Para quien tiene miedo todo son ruidos” dice Klima. El miedo que anida en el cerebro quebranta la resistencia, genera pánico, paraliza la disidencia. Resurge y se robustece así la ideología del miedo, el miedo como arma política y control social, el miedo como herramienta de destrucción masiva en la guerra de clases. Llega a través de sus transmisores, los fabricantes de miedo, que lo transmiten así a la bolsa, a la prima de riesgo y se difunde a través de los medios de comunicación y de internet a la sociedad.

Hay un nuevo poder fáctico. la dictadura de los mercados que tiende a reducir los beneficios sociales y las conquistas de la ciudadanía económica. Estas estructuras de poder no tienen rostro ni identidad, son invulnerables a los golpes y a las protestas. Su poder es omnipresente y no deja de crecer. Nos han inoculado miedo a que los hijos no encuentren trabajo por más que se preparen, miedo al ver cerrarse cada vez más tiendas en el barrio, miedo a no cobrar la pensión cuando nos jubilemos, miedo a perder el trabajo, miedo a comprar, miedo a vernos en la cola del paro, miedo a vernos entrar a un comedor social. Miedo al fin a que nuestros gobernantes ya no controlen nada y estemos sometidos a unas fuerzas que no vemos, el pánico a los mercados,  el Estado ha pasado a ser un siervo más de la Economía, un servidor del club de los súper ricos.

Dos fantasmas, el de la economía del miedo y el de la ideología del miedo recorren el mundo hasta dejarnos sólo las migajas del bienestar, el mínimo para sobrevivir.

Los lobos hambrientos de dinero y de poder que han manejado a los mercados financieros y a los gobiernos han sabido crear un miedo nuevo, especial : el miedo a que la sociedad en la que vivimos, la Unión Europea y su moneda el euro se desplomen a causa de las turbulencias económicas, por tsunamis financieros creados artificialmente.

En el otro lado, en el del terrorismo político las cosas tampoco van mejor. Ha aparecido un nuevo tipo de terrorista al que ya se le conoce como el de los lobos solitarios, gente aislada, sujetos individuales que matan de una manera implacable y con gran sangre fría. Suelen ser gente que ha pasado su infancia y adolescencia en barrios marginales, aunque no siempre. Si son musulmanes, seguidores de la yihad islámica son en ocasiones inmigrantes que han pasado graves dificultades económicas y sociales y no se han integrado en el país receptor. Pasan desapercibidos entre la población porque no suelen dar problemas y se relacionan sólo lo imprescindible para no despertar sospechas.

De los profundos pantanos de las ideologías que suscitan el odio contra otros, de sectas o religiones que satanizan a las demás, de criterios ideológicos ultras sobre nacionalismos, religión o política surgen fanáticos intolerantes, radicales extremados que son letales lobos solitarios, asesinos. Suelen actuar en solitario e inesperadamente provocan una gran masacre en un día de furia o que concienzudamente elaboran un plan criminal para ir eliminando adversarios. Tienen una visión delirante del mundo y ellos actúan como redentores, como misioneros. Actúan en solitario o bajo el paraguas de una organización que a través de internet o de asociaciones ultra de todo tipo les nutren de informes llenos de odio. El ejemplo más claro y más reciente es el del ultraderechista noruego Andreas Behring Breivick que en julio de 2011 mató a 27 personas e hirió a muchas más luchando contra la islamización de Noruega. Responsabilizaba al partido socialista noruego por permitirlo y por eso mató a veintisiete de sus cachorros, militantes de juventudes socialistas.

Las ideologías que tienen estos lobos solitarios son las más extremas, desquiciadas y milenarias. Hoy los lobos solitarios se alimentan de las mismas ideas que las manadas de células terroristas, comparten tecnologías y consignas a través del ciberespacio de internet, siguiendo las redes sociales. Al Qaeda por ejemplo sigue difundiendo por internet instrucciones que sirven para activar a estos lobos solitarios, incluso les dan formación en Pakistán o Afganistán. Y con los extremistas de extrema derecha con sus xenofobias y racismos pasa otro tanto. Estos asesinos suelen ser considerados locos o semi-locos pero ellos están seguros de no serlo, de actuar en nombre de una causa justa y planifican y ejecutan muy racionalmente sus atentados comportándose con gran frialdad cuando son detenidos y rechazan que los tilden de locos. Son justicieros, misioneros, ellos lo tienen claro.

El autor de esta invención fue Alex Curtis en los años 90, fundador de una rama del Ku Klux Klan que propuso a los ultraderechistas norteamericanos una resistencia sin líderes, donde los individuos sustituyan a las organizaciones jerarquizadas, estructuradas y estables, que son mucho más detectables por la policía. Curtis los bautizó con el nombre de los lobos solitarios, pero a pesar de que el lobo solitario es un invento de la ultraderecha norteamericana, el conflicto árabeisraelí lo ha llevado también a judíos y palestinos y todos conocemos numerosos casos de terroristas solitarios con bombas pegadas a su cuerpo que se inmolan provocando matanzas en mezquitas, mercados y autobuses. Y ahora, debilitada Ad Qaeda tras la caída de Bin Laden están poniendo esta táctica al día porque las células son más detectables por la policía, exigen reuniones, visitas, escondrijos.

Prevenir la acción de estos asesinos redentores, misioneros, encargados por sus ideas fanáticas de una misión especial en la vida se está convirtiendo en la pesadilla de los servicios de inteligencia y policiales. Se ha puesto de moda el “alone wolf terrorism”, el terrorismo de lobo solitario y se piensa que será el más extendido en los próximos años pues en los últimos diez años, entre 2000 y 2010 ha habido cuarenta acciones de este tipo: son sujetos con discurso político o religioso, fanáticos con un perfil individual de frustración, de rabia y de odio, con un cierto afán de notoriedad, son un poco o un mucho narcisistas, les gusta sentirse importantes.

Esta es una parte llamativa de la patología social que estamos soportando, psiquiatras, psicólogos y trabajadores de la salud mental no debemos quedarnos al margen de estos atentados contra la salud mental que también está globalizada. Lo único que parece claro es que la paz ni está ni se le espera. Cuando Nietsche se preguntaba ¿qué es bueno? y él mismo se contestaba “ser valiente es bueno”, en estos tiempos de crisis no estamos hablando de que ayudemos a la obtención de brillantes resultados,” no estoy hablando de brillantes victorias “que diría Rilke. ¿Quien habla de victorias? Pero al menos que demos con la clave de que en estos momentos sobreponerse es todo.

Los FANATISMOS vuelven a ser importantes en nuestro tiempo, es como si volviéramos al siglo XI. Nuestra tarea no es perseguir fanáticos en Pakistán o Afganistán pero si saber cómo se hacen y cómo se evitan, son temas de Salud mental también , en unos casos más cerca de la Psicología y en otros más cerca de la Psiquiatría. La vieja lucha entre fanatismo y pragmatismo está presente. Los antídotos son la tolerancia, el mestizaje de razas y culturas, el diálogo, los acuerdos y el sentido del humor. El 11 de septiembre marcó la vuelta del fanatismo, un componente siempre presente en la naturaleza humana, un gen del mal.

Hay un trastorno mental, el llamado Síndrome de Jerusalén, que describe bien el premio Nóbel de Literatura isaraelí, Amos Oz :” la gente llega, -a Jerusalén-inhala el nítido y maravilloso aire de la montaña y de repente se inflama y prende fuego a una mezquita, una iglesia, una sinagoga. O si no se quita la ropa, trepa una roca y comienza a profetizar.”

El síndrome de Jerusalén es un arrebato místico en una persona ya poco estable. Jerusalén  es la ciudad tres veces santa, uno de los puntos más calientes del mundo. Santuario de judíos, cristianos y musulmanes, un lugar donde se concentran la religión y el misticismo, donde sólo hace falta una chispa para que algunas personas fanáticas religiosas pierdan su equilibrio psíquico y se consideren el Mesías, un santo, un profeta o cualquier figura de alguna de las tres religiones monoteístas :judaísmo, cristianismo o islamismo. Para los musulmanes es la tercera ciudad religiosa más importante tras la Meca (adonde peregrinan) y Medina (la ciudad de Mahoma) ya que allí se encuentra la Cúpula de la Roca, una bella mezquita del siglo VII. Mahoma ascendió desde allí al cielo y en ese lugar Abraham estuvo a punto de sacrificar a su hijo Isaac. En Jerusalén también se halla el Muro de las lamentaciones, el enclave más sagrado de los judíos, el último resto que queda del gran Templo de Salomón. Y también en Jerusalén se encuentra la Iglesia del Santo Sepulcro en el lugar (el Calvario, el Gólgota) en el que se cree que Jesús murió, fue crucificado y resucitó.. Esta ciudad, la capital de los fanatismos, se ha convertido en el lugar ideal para que centenares de personas cada año den rienda suelta a sus delirios mesiánicos.

Concretamente parece ser que el Muro de las lamentaciones es el enclave en el que más personas llaman la atención afirmando que son el Mesías u otros enviados celestes.  Fair Bar El era en 1999 responsable del sistema de Salud Mental de Jerusalén. En aquel año afirmaba que por lo menos 40.000 peregrinos de los más de 40 millones de visitantes anuales necesitaban recibir atención psiquiátrica en Jerusalén por culpa del Síndrome de Jerusalén. Muchos de los peregrinos sólo tienen un cuadro histérico, otros una bouffé delirante, una psicosis aguda pero algunos amenazan con suicidarse o lo hacen, otros intentan atacar los lugares sagrados, agraden a la policía…El síndrome lo describió este psiquiatra Fair Bar El: primero el paciente sufre una gran ansiedad; luego experimenta una necesidad de pasear en solitario por la ciudad. El siguiente paso consiste en una serie de rituales de purificación como ponerse ropa blanca o cortarse las uñas. Luego empieza a cantar salmos de la biblia y se dedica a recorrer los lugares santos de la ciudad y finalmente acaba dando sermones públicos. Los Grandes Manipuladores consiguen ciudadanos aterrorizados y fanáticos. Ser psiquiatra implica no sólo saberse el DSM-IV y dominar el arte de usar los psicofármacos con el mayor rigor científico posible. Ser trabajador de la Salud Mental significa también atisbar, denunciar, apoyar, tomar partido, no somos ciudadanos neutros ni neutrales, somos expertos en salud mental, estamos con los más oprimidos, el eslabón más débil del sistema, los enfermos mentales y con sus familiares que soportan una tan pesada carga. Y por eso debemos estar enfrente de los que atentan contra la Salud Mental de la población y denunciar cómo manipulan las emociones más básicas del ser humano para conseguir satisfacer sus pasiones de poder y de codicia. De ahí, no nos moverán, promover la  Salud Mental sí se puede y no sólo se puede, si se puede se debe. Se puede ser patriota de muchas maneras y hay que ayudar a que nuestro sistema de gobierno, la democracia, no fracase. Y un sistema fracasa si no puede asegurar el bienestar de sus ciudadanos, si los hijos no pueden vivir mejor que sus padres y se rompe la cadena del progreso con retrocesos injustos. Un sistema yerra si no confluye en el pleno empleo el aumento de la capacidad adquisitiva de la mayoría, el cuidado del medio ambiente y la protección de las minorías por parte de la mayoría. Este golpe de estado de la economía sobre la democracia no puede tolerarse y que los causantes de la crisis nos pongan las condiciones esclavizantes para salvarnos, menos.

Nosotros, psiquiatras y psicólogos, trabajadores sociales, terapeutas en nombre de la salud mental no podemos contribuir a esto con nuestro silencio, el silencio de las víctimas, “el silencio de los corderos”.

Hay que luchar contra el miedo, hay que perder el miedo al miedo, que es paralizante, que acaba implicando sumisión. Pensemos en lo que dijo Churchill cerca del final de su mandato:”Me he pasado más de la mitad de mi vida temiendo que pasaran cosas que jamás llegaron a ocurrir.”. No hay que retroceder no hay que arrodillarse, tenemos el derecho a seguir teniendo derechos.

Muchas gracias.

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