ZYPREXA, TRANXILIUM, MELERIL Y OTRAS “QUISQUILIAE” 1

“Que no me da la gana pasar media vida

buscando esa droga que tal vez no exista”

Puta. Extremoduro

No puedo decir, mentiría, que los psiquiatras (casi todos hombres, por cierto) que me han tratado a lo largo del exceso del trastorno que dicen que sufro, hayan sido de los que más medicamentos2 prescriben, al menos a mí. En eso he tenido suerte, creo. Pero sí que he sentido en muchas ocasiones que era mejor tenerme anulada que comprobar lo que me estaba pasando. Mejor, entendido en el sentido de que, a falta de recursos humanos, recurrían a algo que no era demasiado costoso ni en términos económicos, ni en su aplicación. Mejor, entendido también en el sentido de que, a falta de ganas, esto es sencillo y profesionalmente no se corren riesgos. Pero se corren y siempre sentí que eran demasiadas y que no me ayudaba sino al contrario. Me anulaba tanto que era imposible que recibiera la ayuda que necesitaba porque no la podía pedir.

PROZAC Y ORFIDAL

Tampoco era tan joven. Ya había acabado una carrera universitaria y me costó bastante terminarla. Nunca me gustó, sinceramente, pero pese a todo, la terminé. Y, además, había pasado unos cuantos años desde que la había terminado cuando me prescribieron, por primera vez, un medicamento psiquiátrico. Fue después del primer intento de suicido, cuando la anorexia seguía bastante instalada en mi cuerpo y, sobre todo, en mi mente. Pasé unos días ingresada, algo que fue insoportable para mí y, a mi salida, me derivaron al Centro de Salud Mental. Nadie me preguntó por qué lo había

hecho, pero salí con una receta de PROZAC (fluoxetina) y otra de ORFIDAL (Lorazepam) y, una nueva cita para dentro de 15 días. Sería a finales de los años 90. No puedo recordar exactamente el año.

El PROZAC (fluoxetina) muy conocido en los años 80-90, es un antidepresivo indicado para episodios depresivos mayores, trastorno obsesivo compulsivo y bulimia nerviosa, en este caso, como complemento a la psicoterapia para la reducción de atracones y purgas. No sé si tenía alguno de esos diagnósticos. Si acaso, anorexia nerviosa pero no bulimia y mucho menos complementaba nada, ni a mí me habían prescrito psicoterapia. Es curioso que tan pronto apareciera el término psicoterapia y nadie se percatara. Yo tampoco. No podía.

Tampoco me hicieron ningún reconocimiento, ni ninguna pregunta. Bueno sí, una, que si oía voces. No sé si estuve más de 10 minutos con el psiquiatra. Tampoco necesitaba más, no iba a hacer mucho más, ni yo estaba en disposición de que un señor que ni me preguntaba qué me pasaba me ayudara a solucionarlo. El PROZAC era conocido como la “píldora de la felicidad”, que disparate. Esa felicidad que muchos se pasan buscando toda la vida, me incluyo, hasta que te das cuenta de que no es eso lo que tienes que buscar, sino que lo importante es que tu vida sea interesante, interesante para ti, no tiene por qué serlo para los demás. Para descubrir esto se necesita un proceso de crecimiento personal que puede ser muy largo. Pero que nunca es tarde para iniciarlo. Doy fe.

A mí el PROZAC no creo que me hiciera nada. Menos que nada, no me hizo sentirme feliz, ni eufórica, ni tampoco más triste. Yo no noté nada. Ni mi mente ni mi cuerpo. Fueron los peores años de mi vida, con diferencia. Llegué a pesar 40 kilos, con más de 30 años, varios ingresos en psiquiatría, intenté suicidarme varias veces, demasiadas. Estuve en la UCI en varias ocasiones, una de ellas más de 15 días, y con más posibilidades de morir que de vivir. Recuerdo esa estancia en la UCI, recuerdo el despertar, y una música japonesa de fondo, y muchos botes sobre mi cabeza, desnuda en una cama, con una sábana sobre un delgadísimo y destartalado cuerpo y mil cables por brazos piernas, boca, … Pero salí, directa al psiquiátrico, pero salí. Me mantuvieron el PROZAC en ese ingreso y me subieron el ORFIDAL. No le veo sentido a mantener una medicación que no sirve y que no me quitaba las ideas de desaparecer.

En cuanto al ORFIDAL menos aún. El ORFIDAL (Lorazepam) es un tranquilizante- ansiolítico o benzodiazepina (evita el nerviosismo y la ansiedad) que actúa sin influenciar

en las actividades normales del individuo. Está indicado en el tratamiento a corto plazo de los estados de ansiedad y tensión, depresión, procesos quirúrgicos y/o diagnósticos, y en preanestesia, y para trastornos del sueño. Madre mía, cuantas cosas. Pues, en definitiva, el ORFIDAL lo que te hace, al principio, es atontarte. Después, cuando pasan un par de meses, deja de atontarte y no te hace nada, te tomes lo que te tomes. Se supone que se usa solamente durante un periodo de tiempo corto. Pues resulta que hay personas que las toma durante años, durante toda su vida. Yo lo tomé durante más de dos años, con dosis más o menos altas, según la época por la que estuviera pasando, que valoraban en base a ingresos psiquiátricos, autolesiones, peso, … no porque, en algún momento, al profesional de turno se le ocurriera preguntarme cómo estaba. Se suponía que a más dosis más tranquila tendría que estar. Pues no. Los primeros días, como he dicho, me mantenía un poco atontada, pero pasaba en un par de semanas a no hacerme nada, a no sentir nada.

Entre ingreso e ingreso, el psiquiatra que me trataba me diagnóstico Trastorno Límite de la Personalidad (TLP). No me conocía tanto como para ponerme esa etiqueta, tan grande y que aún me pesa, porque aún me la creo. Existe un test3 de evaluación psiquiátrica-psicológica para su diagnóstico y aunque soy bastante escéptica en la fiabilidad de estas pruebas, por lo menos hubiese sido algo en lo que basarse, que otros psiquiatras ya han utilizado. Nunca me han pasado ese test. También fue la época en la que decidieron que no eran una persona con todas sus capacidades y el trabajador social del CSM4, junto a mi familia, decidieron que pasara un tribunal en el Centro Base5 que me correspondía. Pasé solo una revisión posterior. Nunca me dieron la palabra ni el trabajador social del CSM, ni en el Centro Base. Desde 2003 tengo una discapacidad. Psíquica. Por enfermedad mental. Con la necesidad de concurso de tercera persona6. Del 75 %. Permanente. Que rabia.

VANDRAL Y TRANXILIUM

Durante un tiempo, me mantuve con esa medicación hasta que, por suerte, me cambiaron de psiquiatra en el CSM. Eran los primeros años del 2000 y lo mantuve hasta 2008. Una relación en toda regla en cuanto a visitas. Le veía prácticamente todas las semanas. No puedo decir que ese psiquiatra actuara mal pero tampoco actúo bien. No eximo mi responsabilidad en su actuación. Simplemente, no le dejé actuar ni podía. No daba tiempo a hacerlo con tanto intento de suicidio, tanto ingreso en psiquiatría seguidos, tantas autolesiones. Le llegué a sacar de sus casillas para evitar que me autolesionara en el hospital. Él lo único que pudo hacer fue pararme, lo intentó de mil maneras, y, al final, de alguna manera, acertó derivándome a la Comunidad Terapéutica para trastornos de la personalidad, de la Clínica San Miguel. Se cambió a otro puesto de trabajo dentro del misma área de salud, pero me dejó en buenas manos. Estando en su nuevo puesto, me acompañó en un muy mal momento y en el que tenía que tomar una decisión muy, muy, complicada. En esto, le estoy enormemente agradecida. Nunca me abandonó, ni en el quirófano. Esa es otra historia. Lo que más destaco de él es que era buena persona y eso, se nota.

Este psiquiatra era más de prescribir medicación, y de cambiarla a menudo, y de que esta fuera bastante “anulante”. Aunque he de decir a su favor que, al menos a mí en los últimos años en los que me trató, me dedicaba mucho tiempo y me preguntaba sobre mi día a día, aunque tampoco podía ahondar mucho más. Creo que no sabía hacerlo y tampoco se lo permitían.

Me prescribió VANDRAL (venlafaxina) un antidepresivo. Se utiliza para tratar trastornos depresivos mayores, prevenir recurrencias de episodios depresivos mayores, trastornos de ansiedad generalizada, trastorno de ansiedad social y trastorno de pánico, con o sin agorafobia. El que tomaba era Retard, es decir, de acción prolongada a lo largo de los días. Entre los efectos de este medicamento, al principio de tomarlos, produce o aumenta las ideas de suicidio y de autolesión, y también es importante tener en cuenta, que si lo interrumpes de manera repentina tiene efectos adversos muy graves. No tiene mucho sentido que me lo prescribiera. Otra cosa no, pero ideas de suicidio y de autodestrucción tenía para repartir. Os recomiendo que si queréis leer una verdadera historia de terror leáis el prospecto de este medicamento7.

Pese a todo, los pocos meses que tomé VANDRAL no me vino mal. No sé si fue debido al medicamento o era el momento, el inicio de una nueva relación de la que luego me arrepentiría, cambio de casa, alguna que otra ilusión que nunca se llegó a realizar, me sentía feliz con ese medicamento, creo que demasiado feliz y me hacía no darme cuenta de lo que tenía alrededor.

Pero hay personas que piensan que eso de ser médico es genético. Que, si toda tu familia se dedica al ámbito sanitario, tu lo llevas en la sangre y puedes decidir por el otro que medicamento le conviene y cuál no. O a lo mejor es que me quería tanto que no podía permitir que los demás me vieran feliz. Amor de mierda llamo yo a eso. El caso es que a alguien se le metió en la cabeza que ese medicamento a mi me perjudicaba y lo hizo desaparecer para que no lo tomara. Y pasó lo que tenía que pasar. Tuvo unos efectos adversos muy graves, con convulsiones y mucho dolor, pesadillas, etc., que, junto a situaciones muy difíciles, lo hicieron tan inaguantable que intenté suicidarme.

A causa de ese intento de suicidio estuve casi un mes ingresada en la planta de digestivo del hospital y con muchas posibilidades de no poder comer nunca más de la manera que habitualmente se come. Por suerte, no fue así. Y tras pasar mil y un tratamientos, pruebas, gastroscopias, etc., etc., consiguieron arreglar el desaguisado que me había formado y, a día de hoy, con alguna dificultad en algún alimento, puedo comer de todo y bien, aunque sigo en tratamiento en digestivo.

A la salida del hospital, cuándo volví al CSM, el psiquiatra, con la ayuda del “médico por genética” consideraron que debía cambiar de medicación porque el VANDRAL, me perjudicaba. Creo que lo que me perjudicaba no era, precisamente, un medicamento.

Junto al Vandral, este psiquiatra me prescribió TRANXILIUM (clorazepato de dipotasio). Es un medicamento muy conocido, seguramente, por el nombre tan sonoro que tiene. Lo hay de 5, 10, 15, 20 y 50 mg. Es un medicamento que pertenece al grupo de los tranquilizantes, ansiolíticos, derivados de las benzodiazepinas. Está indicado en todas las manifestaciones de la ansiedad que puedan presentarse en los trastornos psicológicos cotidianos y cuya intensidad no alcance una dimensión psiquiátrica. Es bastante curioso que esté indicado, precisamente, para problemas psicológicos no psiquiátricos. En mi caso, fue bastante eficaz. Ha sido de los medicamentos que más me han tranquilizado y parado la ansiedad. Comencé con una dosis muy baja de 3 al día de 5mg y los últimos años que tomé este medicamento ya tomaba 3 de 50mg, con 1 más al día de rescate, como llaman los psiquiatras, por si la ansiedad se disparaba. Esto del rescate es bastante peculiar.

Y también es curioso que cada vez necesitara más y más dosis, porque pasé por todos los miligramos que existen en el mercado. Como he dicho, es muy eficaz pero tremendamente adictivo, creando dependencia física y psíquica sin que pase demasiado tiempo. Llega un momento que, incluso estando en una etapa de tu vida muy tranquila, tienes ansiedad, porque lo que, verdaderamente te provoca ansiedad es no tomar TRANXILIUM. Así que lo que sucede con este medicamento es que se convierte en un círculo vicioso (o “pastilloso” aunque no exista esa palabra). Mi día era desayuno, pastilla, comida, pastilla, cena, pastilla, cada vez más días, pastilla de rescate. Más las que yo me tomaba por mi cuenta. Y deseando tomármelas. Quizás su eficacia estuviera precisamente en eso. No te dejaba pensar en otra cosa que no fuera en tranxilium, tranxilium, tranxilium. Durante el ingreso en la Clínica San Miguel se encargaron de romper ese circulo y, aunque para ello lo pasé muy mal y me tiraba al suelo por un tranxilium, pero ahora les estoy muy agradecida porque fueron los que me descubrieron lo que verdaderamente necesitaba.

MELERIL

Como he señalado, el psiquiatra me retiró el Vandral y me prescribió otro medicamento, MELERIL (Tioridazina), manteniéndome también el TRANXILIUM. Es, era, en mi caso, un medicamento en gotas. Está indicado para el tratamiento de la esquizofrenia. Daba miedo8. No entendía porque me recetaban eso. Lleve a tomarme más de 200 gotas al día. A veces más cuándo así lo consideraban. El efecto que se supone tenía que hacer en mí era de antidepresivo y, para ser sincera, triste no me sentía tomándolo.

He estado buscando una palabra que describiera como actuaba el MELERIL en mí y solo he encontrado una. Tenía un efecto idiotizante. Me anulaba. Me pasaba el día tremendamente cansada y con poca capacidad de tener una conversación medianamente coherente. Me daba hambre, que ni siquiera sé si es uno de sus efectos secundarios, pero a mi me la daba. Quizás, por decir algo positivo de un medicamento tan negativo, el que me diera hambre fue bueno. Entre que estaba idiotizada y que me daba todo igual porque no me enteraba de nada, y además hambre, hizo que, no en demasiado tiempo, engordara los kilos que me faltaban.

Intento comprender que sentido tiene que una persona, con una enfermedad mental, tome un medicamento como MELERIL que su única indicación es la esquizofrenia, si no tiene ese diagnóstico. Intento comprender que sentido tiene que sea la que sea la enfermedad mental que tengas, incluso esquizofrenia, te prescriban una medicación que no te permita vivir. Sin dejar de lado el componente biológico que puedan tener algunas enfermedades mentales, lo importante que se debe trabajar con las personas con trastorno mental grave es el componente psicológico y el componente social. Y para eso, no hay ningún medicamento. Y menos uno que no te permita ni decir dos frases seguidas sin trabarte y sin tener que volver a pensar lo que estabas diciendo. Para eso, el único medicamento que existe es la psicoterapia, el trabajo personal y la paciencia tanto de la persona con sufrimiento psíquico como de los profesionales y familiares que la rodean.

Pero lo peor de MELERIL no fue eso, aunque ya era bastante grave, sino que después de tomarlo durante unos años lo retiraron9. En ese momento, no me dijeron los motivos de la retirada. Yo tampoco preguntaba nada porque me daba todo igual. Tampoco hicieron una retirada gradual del medicamento, sino que, me llamaron por teléfono; fui al CSM y el psiquiatra me dijo que no me lo tomara más. Y me recetó otro.

Yo no tenía esquizofrenia y quizás por eso me pude acostumbrar pronto a no tomar MELERIL. Después he podido saber los motivos por los que fue retirado y que, para algunas personas, las verdaderamente diagnosticadas de esquizofrenia, supuso un verdadero calvario su retirada y un importante cambio en sus vidas. Oficialmente, y no dudo que sea cierto, pero no creo que fuera lo que verdaderamente le importara a la Agencia del Medicamento, el motivo de la retirada fue que, tras su consumo prolongado, provocaba problemas cardiovasculares, hemorragias internas, etc. El motivo real de su retirada, en mi opinión, es que no era rentable económicamente para la empresa farmacéutica dado el bajo coste de la molécula de la que está formado. Era muy barato. No lo tomé más allá de un año. Pero nunca voy a poder saber si me causó algún perjuicio físico.

CITALOPRAM Y RIVOTRIL

Aunque hasta llegar al siguiente medicamento que describo tomé otros durante periodos cortos de tiempo, el siguiente antidepresivo que el psiquiatra me prescribió fue CITALOPRAM (el principio activo es citalopram). Está indicado en el tratamiento de depresión y prevención de recaídas y recurrencias, trastorno de angustia con o sin agorafobia, trastorno obsesivo compulsivo. Es en el único medicamento que he tomado al que le veo un poco de coherencia con mi situación personal.

CITALOPRAM ha sido el antidepresivo que durante más tiempo he tomado. Aproximadamente 10 años. Ha sido el último que he tomado y espero no volver a tomar ningún antidepresivo más. Es buena señal que sea así.

No puedo decir que su toma haya sido negativa pero tampoco le puedo dar una importancia inmerecida a mi recuperación. Fue eficaz en cuanto que me eliminó la extrema tristeza o al menos no me sentía tan triste de una manera tan continuada. Coincidió la toma de CITOLPRAM con mi entrada en la Comunidad Terapéutica de Trastornos de la Personalidad de la Clínica San Miguel10, que me propuso el psiquiatra y yo acepté. ¿Qué otra opción tenía? Lo eficaz fue su combinación con el tratamiento en esta Comunidad que combinaba antidepresivo y otras medicaciones, con terapia psicológica. El problema es que la duración del tratamiento es muy breve. En mi caso 7 meses porque decidieron, que dado lo bien que me estaba funcionando, alargarlo un mes. Y lo más importante, descubrí lo que verdaderamente me ayudaba: la terapia psicológica, tratar mi pasado, mi presente y conseguir las herramientas para vivir en armonía conmigo misma y con los demás. No es que durante mi estancia en la Comunidad lo consiguiera, pero supuso un cambio importante. Minimizo el tipo de autolesiones que me infringía y las espació en el tiempo. Redujo el número de intentos de suicidio, aunque no los eliminó. Y me ayudó a reducir la medicación a unos niveles muy bajos.

Durante mi estancia en la Clínica San Miguel me propusieron eliminar el Tranxilium. Aunque a mi me aterraba, el hecho de estar en un espacio cerrado, protegida y con la posibilidad de recurrir a un profesional si me encontraba mal, hizo que al final aceptara y me implicara en esa eliminación. Para ello, me redujeron al mínimo el Tranxilium y me prescribieron RIVOTRIL (clonazepam) que es una benzodiazepina indicada en el tratamiento de la epilepsia. Por lo que me explicaron, era eficaz para la ansiedad. Finalmente, pude dejar de tomar Tranxilium pero me mantuvieron el Rivotril. Al menos allí te explicaban lo que tomabas, aunque no sé si es cierto. Después de salir de allí y tras el cambió de psiquiatra, me lo retiraron porque consideraban que tenía demasiados efectos secundarios y no me beneficiaba.

VALIUM

A la salida de la Clínica San Miguel, fue cuando el psiquiatra se cambió de puesto y me asignaron otro nuevo. Le conocía porque me había atendido en alguna urgencia y siempre me pareció bastante cercano y muy correcto conmigo. Primero pasé por un Centro de Rehabilitación Laboral11, dónde me sentía bastante mal y que se aprovechaban de mí. Había estado 7 meses con una rutina y unos horarios muy estrictos y lo que menos me apetecía era volver a trabajar y tener obligaciones de ningún tipo.

Tomé Citalopram y Rivotril durante un tiempo. Le pedí al nuevo psiquiatra entrar en el Hospital de Día12. Cuando entras en el Hospital de Día dejas de tener que acudir a tu psiquiatra del CSM porque te asignan uno allí. El psiquiatra que me asignaron allí lo primero que hizo fue retirarme el Rivotril. El medicamente que me prescribió fue VALIUM (diazepam), muy conocido, con apariciones estelares en el cine, la literatura, la música, etc., y empleado también como analgésico. Los médicos recetan VALIUM a las personas que presentan síntomas de ansiedad, agitación y tensión psíquica. Lo consume muchísima gente. Para mí era importante conocer a personas que, sin estar en tratamiento psiquiátrico, tomaban VALIUM. Normalizaba el hecho de tomar un medicamento prescrito por un psiquiatra. Hubo momentos en que fue muy eficaz. Me quitaba la ansiedad. Pero en aquellos realmente malos, en los que era imparable el sufrimiento no me hacía nada. Este medicamento lo combinaba con el antidepresivo Citalopram.

Lo peor del VALIUM fue dejarlo. Hace 7 años y medio decidí reiniciar aquello que empecé en la Clínica San Miguel, con un psicólogo privado al que creo que no me quedan años de vida para darle las gracias. No sé si él es totalmente consciente de dónde venía cuándo llegué a su consulta y de dónde estoy ahora. Y no sé si es consciente de lo mucho que me ha ayudado, aunque me diga que lo hecho yo, sé que no es cierto. Yo sola no hubiera podido. Creo que continuaré mientras me lo permita. Cuento esto porque también este nuevo proceso psicoterapéutico ha sido clave para que yo pudiera dejar de tomar VALIUM y Citalopram, aunque el VALIUM me costó bastante más.

La retirada de Citalopram fue prácticamente inmediata. Se lo consulté al psiquiatra, hace aproximadamente 4 años, y su respuesta fue que si yo estaba decidida lo hiciera porque él pensaba que no lo necesitaba. Qué el único efecto secundario que podría sentir era como una especie de proceso gripal. Y así fue, con un poco de miedo, dejé de tomar Citalopram. Pasé unos días con un poco de dolor de espalda, de cuello, con molestias intestinales, pero en unos 15 días, me sentía estupendamente y muy contenta de haber dejado de tomarlo.

El VALIUM me costó más. Sabía que no lo necesitaba. El psiquiatra también lo consideraba así, pero es muy adictivo y necesitaba el hecho de llevarme a la boca una pastilla. Por decirlo de otra forma, si en lugar de VALIUM me hubieran metido caramelos del mismo tamaño y color, lo hubiese podido dejar más rápidamente. Por lo que fue necesario un año para dejarlo. A medida que anímicamente me iba sintiendo mejor, que veía que las sesiones de terapia eran eficaces pude ir disminuyendo la dosis.

Le pedí al psiquiatra que lo bajara. Me lo bajó de una pastilla de 5mg al día a una de 2,5mg al día. Después tomándola un día sí y otro no. Y, finalmente, dejándola de tomar. Mi alegría al no tomar nada de medicación era inmensa. Suponía que yo era quién decidía en mis pensamientos, en mis decisiones, que no había nada químico que me indujera a sentirme alegre, ni triste. Qué mis sentimientos eran los míos, ahora de verdad, sin intermediarios.

QUISQUILIAE: HALOPERIDOL, LARGACTIL Y ZYPREXA

Estos fueron los medicamentos más significativos y con tratamientos más largos que he tomado. Pero hay otros que, aunque de tratamientos más cortos e, incluso, de uso esporádico han tenido mucha importancia a lo largo de estos veintitantos años de tratamiento.

Uno de ellos es HOLOPERIDOL (el principio activo es haloperidol) antipsicótico indicado para el tratamiento de la esquizofrenia y el trastorno bipolar. No lo he tomado más de 2 meses seguidos. Se presentaba en gotas. El motivo por el que no lo tomé más de ese tiempo es porque provocaba en mí síntomas extrapiramidales muy graves que consistían en una rigidez muscular muy intensa en piernas y boca. Pese a que me mantenía ausente todo el día (con nula capacidad para conversar, hablar, pensar, leer, etc.), los efectos extrapiramidales me causaban un intenso dolor y mucha angustia porque, principalmente, no me permitía dar dos pasos sin tener que volver a pararme. Y no me permitía hablar sin que la mandíbula se me cayera. Y la baba. En varias ocasiones me tuvieron que pinchar AKINETON13, alguna de ellas de urgencia.

Otro medicamento es LARGACTIL (clorpromazina) en gotas de 40mg/ml gota. Indicado para el tratamiento de estados de agitación psicomotriz: psicosis agudas, crisis maniacas, accesos delirantes. síndromes confusionales, procesos psico geriátricos, etc. También en esquizofrenia, síndromes delirantes crónicos y curas de sueño. No lo he incluido en las que considero de tratamiento porque, aunque lo he tomado en muchísimas ocasiones, nunca con una continuidad superior a 3 meses, al menos que yo recuerde. Aunque pueda que para otras enfermedades 3 meses de tratamiento pueda ser mucho, en el caso de las enfermedades mentales, tomar un medicamento ese tiempo no es nada, es relativamente poco tiempo para que sea eficaz. Normalmente me lo indicaban para situaciones puntuales de mucho sufrimiento y con mucho riesgo de que me autolesionara o me intentara suicidar. Una especie de freno ante esas situaciones. También tuvo su momento de gloria en la prensa14.

Recuerdo de LARGACTIL su sabor. Sabía a algo metálico. Me he llegado a tomar más de 100 gotas en una dosis, varias veces al día y es curioso porque esa última indicación que señala su prospecto, curas de sueño, era lo que a mi más me provocaba, sueño. Pero un sueño en el que, aunque tenía que permanecer tumbada todo el tiempo, me daba cuenta de todo lo que sucedía alrededor.

Pero lo que más recuerdo es como lo utilizaba una psiquiatra de hospital en el que solía ingresar. No guardo rencor a esa psiquiatra, al contrario, tengo un buen recuerdo de ella. En mi opinión, era la mejor que había en el hospital. Te dedicaba algo de tiempo. Allí tampoco creo que puedan hacer mucho más. Pero nunca entendí que combinara 10, 15, 20 gotas de LARGACTIL y contención mecánica15. No tenía ningún sentido. Estaba ingresada en un hospital, en una planta con puertas cerradas y un estricto control, te daban un medicamento que te provoca una ensoñación que no te permite hacer nada, ¿en serio era necesario que me ataran a la cama durante más de 24 horas? Esta práctica no se produjo una ni dos veces, si no durante más de un ingreso y varias veces dentro de un mismo ingreso. No soy psiquiatra, pero creo que hay otras formas de calmar a alguien que se encuentra mal y tiene miedo, que a veces solo es necesario un acompañamiento mientras hace efecto un medicamento que, en definitiva, también es una contención (química). Lo que sí que puedo asegurar es que la contención mecánica ha dejado en mí, importantes secuelas psicológicas, que lo recuerdo con un sufrimiento enorme, con mucha soledad e indefensión, y como un trato denigrante por parte de personas que se suponen son profesionales de la Salud Mental y se dedican al cuidado de los demás.

Por último, ZYPREXA (olanzapina). Es un antipsicótico, de hecho, durante un tiempo lo llamaban “el antipsicótico de moda”, indicada para el tratamiento de esquizofrenia y trastorno maniaco (bipolar) moderado a grave. Nunca he tenido en mi casa ni lo he tenido que comprar. Aunque lo he tomado en numerosas ocasiones, siempre me lo proporcionaron en el propio CSM por indicación del psiquiatra que hasta día de hoy tengo asignado. El efecto que me provocaba era de absoluto K.O. Me tumbaba, literalmente. Me podía pasar un día profundamente dormida. Sé que tiene numerosos efectos secundarios. Nunca los sentí porque no lo he tomado más de dos días seguidos, pero sí que sé que me dejaba, después de día del K.O., varios días con muchísima somnolencia y cansancio. La intención del psiquiatra era evitar un nuevo ingreso, algo que le agradezco. Lo que no estaba bien era que la manera de solucionar una crisis tuviera que ser mediante algo que no me dejará pensar y que, posteriormente, no hubiera un espacio para intentar explicar lo que había provocado esa crisis. No sé si hubiese podido, pero tampoco vi ninguna intención de que se intentara.

Llevo casi 3 años sin tomar medicación. Alguna vez, de forma puntual, he recurrido a ella porque mantengo en casa una caja de Valium. También, dada la situación en la que nos encontramos, con una emergencia sanitaria grave, en estado de alarma y confinados, he tenido que pedirle al psiquiatra que me prescribiera algo porque no podía dormir. Solo lo he necesitado los primeros días. Con este psiquiatra he hablado muchas veces el tema de la medicación y él considera que no he sido una paciente que haya tomado mucha medicación en comparación con otros. A mi sí me parece excesiva y con muchos, demasiados, cambios, por un motivo o por otro. Y lo que me parece peor, que la medicación impedía otro tipo de terapias que hubieran venido mejor.

Este escrito no es un alegato en contra de la medicación psiquiátrica. No. En ocasiones, no queda más remedio que utilizarla porque el sufrimiento psíquico es tan intenso que hay que pararlo para poder continuar viviendo, para poder continuar trabajando porqué se produce ese sufrimiento. Además, solamente debe ser retirada bajo control psiquiátrico, nunca por uno o una misma. El problema es que quiénes prescriben esos medicamentos no pueden, no les permiten, o no quieren, porque “haberlos, hailos”, continuar ese proceso que permita indagar en ese sufrimiento hasta hacerlo desaparecer. Tampoco me posiciono en las filas de alguno de los colectivos actualmente existentes de personas usuarias del Sistema de Salud Mental, ni de aquellos que se denominan “en primera persona” porque, salvo excepciones, viven la locura, el sufrimiento psíquico como si hubiera que estar orgullosos de ello (yo no estoy orgullosa de haber pasado por tanto sufrimiento; hubiera dado lo que fuera por no haber pasado por esto; no me puedo sentir orgullosa; si acaso, liberada de ya no estar así), excluyen a algunas patologías psiquiátricas por considerarlas de menor relevancia, pretenden la horizontalidad desde la verticalidad y solo permiten dar voz a aquellos que consideran sus líderes, aparte de estar sumamente politizados y no incorporar a los profesionales de la Salud Mental (no sólo psiquiatras, sino todos aquellos que tienen alguna relación con las personas con enfermedad mental) como parte importante en un cambio profundo del actual Sistema de Salud Mental.

Dicen que lo que no te mata te hace más fuerte. No siempre es cierto. A veces las secuelas te pueden ir matando poco a poco, o haciendo tu vida más difícil. No puedo culpar a la medicación de algunos de los problemas físicos que tengo, ni tampoco a los intentos de suicidio, porque no hay manera de comprobar que determinada consecuencia tenga una sola causa, pero podría ser una acumulación de causas con algunas consecuencias.

LOLAML

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1 QUISQUILIAE: Del lat., porquerías

2 Ante todo, dejar claro, que lo que cuento aquí sobre una serie de medicamentos lo hago desde la experiencia de haber tenido que consumirlos por indicación psiquiátrica y que me baso en el conocimiento de los efectos que estos medicamentos provocaron en mí, pero que no tienen que ser los mismos en otras personas, es más, seguramente, no sean los mismos. Tan sólo pondré, desde el punto de vista farmacéutico su principio activo y para que están indicados.

3 Borderline Symptom List Short Version (BSL-23). Existe versión en castellano. Validada.

4 Centro de Salud Mental

5 Centro de servicios especializados dedicado a la información y valoración de la discapacidad en la Comunidad de Madrid.

6 En principio, supone la necesidad de ser acompañada en todas las actividades básicas e instrumentales de la vida diaria.

7 Prospecto VANDRAL Retard de 75mg. El mío era de 150mg, dos veces al día: https://cima.aemps.es/cima/dochtml/p/62401/Prospecto_62401.html

8 No es que estar diagnosticada de TLP de menos miedo.

9 “Sanidad retira el antipsicótico Meleril” El País. 23/01/2005: https://elpais.com/diario/2005/01/23/sociedad/1106434802_850215.html

10 Actualmente ha cambiado tanto su ubicación como su práctica terapéutica.

11 Los Centros de Rehabilitación Laboral (CRL) son un recurso específico, de servicios sociales especializados, destinado a las personas con enfermedad mental severa para ayudarles a recuperar o adquirir los hábitos y capacidades laborales necesarias para acceder al mundo laboral y apoyar su integración y mantenimiento en el mismo.

12 Hospital de Día de Adultos es un dispositivo sanitario que desarrolla un programa de tratamiento ambulatorio intensivo, limitado en el tiempo, que proporciona estabilización en las crisis o tratamiento a medio plazo en problemas graves de salud mental.

13 El Akineton está indicado en el tratamiento de los síntomas extrapiramidales (que se caracterizan por tener movimientos involuntarios y lentos, debilidad muscular, temblor, excesiva producción de saliva y sudoración), originados por algunos medicamentos

14 Sanidad retira del mercado un lote del antipsicótico Largactil al detectar posibles sustancias “extrañas”: https://www.20minutos.es/noticia/3574028/0/sanidad-retira-lote-largactil/

15 La contención mecánica es una terapia realizada por enfermería y pautada por el médico que implica la inmovilización de una parte o de todo el cuerpo del paciente en contra de su voluntad.

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