XXIV JORNADAS DE LA AMSM: DEBAJO DE LA PANDEMIA (on-line)

Nos encantaría compartir con vosotr@s el programa de las XXIV jornadas de la madrileña. Aunque somos conscientes de que ha habido y hay muchos espacios para hablar de la pandemia y sus efectos, teníamos la necesidad de elaborar juntas esta experiencia. Por un lado, reflexionando sobre como ha impactado en colectivos y contextos dañados mucho antes de la llegada de la COVID, por otro, necesitamos construir colectivamente un quehacer que no pierda de vista los derechos y la calidad de la asistencia en salud mental comunitaria. Os esperamos, esta vez sin el calor del cuerpo a cuerpo, pero segur@s de que junt@s conseguiremos sentirnos menos sol@s.

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ZYPREXA, TRANXILIUM, MELERIL Y OTRAS “QUISQUILIAE” 1

“Que no me da la gana pasar media vida

buscando esa droga que tal vez no exista”

Puta. Extremoduro

No puedo decir, mentiría, que los psiquiatras (casi todos hombres, por cierto) que me han tratado a lo largo del exceso del trastorno que dicen que sufro, hayan sido de los que más medicamentos2 prescriben, al menos a mí. En eso he tenido suerte, creo. Pero sí que he sentido en muchas ocasiones que era mejor tenerme anulada que comprobar lo que me estaba pasando. Mejor, entendido en el sentido de que, a falta de recursos humanos, recurrían a algo que no era demasiado costoso ni en términos económicos, ni en su aplicación. Mejor, entendido también en el sentido de que, a falta de ganas, esto es sencillo y profesionalmente no se corren riesgos. Pero se corren y siempre sentí que eran demasiadas y que no me ayudaba sino al contrario. Me anulaba tanto que era imposible que recibiera la ayuda que necesitaba porque no la podía pedir.

PROZAC Y ORFIDAL

Tampoco era tan joven. Ya había acabado una carrera universitaria y me costó bastante terminarla. Nunca me gustó, sinceramente, pero pese a todo, la terminé. Y, además, había pasado unos cuantos años desde que la había terminado cuando me prescribieron, por primera vez, un medicamento psiquiátrico. Fue después del primer intento de suicido, cuando la anorexia seguía bastante instalada en mi cuerpo y, sobre todo, en mi mente. Pasé unos días ingresada, algo que fue insoportable para mí y, a mi salida, me derivaron al Centro de Salud Mental. Nadie me preguntó por qué lo había

hecho, pero salí con una receta de PROZAC (fluoxetina) y otra de ORFIDAL (Lorazepam) y, una nueva cita para dentro de 15 días. Sería a finales de los años 90. No puedo recordar exactamente el año.

El PROZAC (fluoxetina) muy conocido en los años 80-90, es un antidepresivo indicado para episodios depresivos mayores, trastorno obsesivo compulsivo y bulimia nerviosa, en este caso, como complemento a la psicoterapia para la reducción de atracones y purgas. No sé si tenía alguno de esos diagnósticos. Si acaso, anorexia nerviosa pero no bulimia y mucho menos complementaba nada, ni a mí me habían prescrito psicoterapia. Es curioso que tan pronto apareciera el término psicoterapia y nadie se percatara. Yo tampoco. No podía.

Tampoco me hicieron ningún reconocimiento, ni ninguna pregunta. Bueno sí, una, que si oía voces. No sé si estuve más de 10 minutos con el psiquiatra. Tampoco necesitaba más, no iba a hacer mucho más, ni yo estaba en disposición de que un señor que ni me preguntaba qué me pasaba me ayudara a solucionarlo. El PROZAC era conocido como la “píldora de la felicidad”, que disparate. Esa felicidad que muchos se pasan buscando toda la vida, me incluyo, hasta que te das cuenta de que no es eso lo que tienes que buscar, sino que lo importante es que tu vida sea interesante, interesante para ti, no tiene por qué serlo para los demás. Para descubrir esto se necesita un proceso de crecimiento personal que puede ser muy largo. Pero que nunca es tarde para iniciarlo. Doy fe.

A mí el PROZAC no creo que me hiciera nada. Menos que nada, no me hizo sentirme feliz, ni eufórica, ni tampoco más triste. Yo no noté nada. Ni mi mente ni mi cuerpo. Fueron los peores años de mi vida, con diferencia. Llegué a pesar 40 kilos, con más de 30 años, varios ingresos en psiquiatría, intenté suicidarme varias veces, demasiadas. Estuve en la UCI en varias ocasiones, una de ellas más de 15 días, y con más posibilidades de morir que de vivir. Recuerdo esa estancia en la UCI, recuerdo el despertar, y una música japonesa de fondo, y muchos botes sobre mi cabeza, desnuda en una cama, con una sábana sobre un delgadísimo y destartalado cuerpo y mil cables por brazos piernas, boca, … Pero salí, directa al psiquiátrico, pero salí. Me mantuvieron el PROZAC en ese ingreso y me subieron el ORFIDAL. No le veo sentido a mantener una medicación que no sirve y que no me quitaba las ideas de desaparecer.

En cuanto al ORFIDAL menos aún. El ORFIDAL (Lorazepam) es un tranquilizante- ansiolítico o benzodiazepina (evita el nerviosismo y la ansiedad) que actúa sin influenciar

en las actividades normales del individuo. Está indicado en el tratamiento a corto plazo de los estados de ansiedad y tensión, depresión, procesos quirúrgicos y/o diagnósticos, y en preanestesia, y para trastornos del sueño. Madre mía, cuantas cosas. Pues, en definitiva, el ORFIDAL lo que te hace, al principio, es atontarte. Después, cuando pasan un par de meses, deja de atontarte y no te hace nada, te tomes lo que te tomes. Se supone que se usa solamente durante un periodo de tiempo corto. Pues resulta que hay personas que las toma durante años, durante toda su vida. Yo lo tomé durante más de dos años, con dosis más o menos altas, según la época por la que estuviera pasando, que valoraban en base a ingresos psiquiátricos, autolesiones, peso, … no porque, en algún momento, al profesional de turno se le ocurriera preguntarme cómo estaba. Se suponía que a más dosis más tranquila tendría que estar. Pues no. Los primeros días, como he dicho, me mantenía un poco atontada, pero pasaba en un par de semanas a no hacerme nada, a no sentir nada.

Entre ingreso e ingreso, el psiquiatra que me trataba me diagnóstico Trastorno Límite de la Personalidad (TLP). No me conocía tanto como para ponerme esa etiqueta, tan grande y que aún me pesa, porque aún me la creo. Existe un test3 de evaluación psiquiátrica-psicológica para su diagnóstico y aunque soy bastante escéptica en la fiabilidad de estas pruebas, por lo menos hubiese sido algo en lo que basarse, que otros psiquiatras ya han utilizado. Nunca me han pasado ese test. También fue la época en la que decidieron que no eran una persona con todas sus capacidades y el trabajador social del CSM4, junto a mi familia, decidieron que pasara un tribunal en el Centro Base5 que me correspondía. Pasé solo una revisión posterior. Nunca me dieron la palabra ni el trabajador social del CSM, ni en el Centro Base. Desde 2003 tengo una discapacidad. Psíquica. Por enfermedad mental. Con la necesidad de concurso de tercera persona6. Del 75 %. Permanente. Que rabia.

VANDRAL Y TRANXILIUM

Durante un tiempo, me mantuve con esa medicación hasta que, por suerte, me cambiaron de psiquiatra en el CSM. Eran los primeros años del 2000 y lo mantuve hasta 2008. Una relación en toda regla en cuanto a visitas. Le veía prácticamente todas las semanas. No puedo decir que ese psiquiatra actuara mal pero tampoco actúo bien. No eximo mi responsabilidad en su actuación. Simplemente, no le dejé actuar ni podía. No daba tiempo a hacerlo con tanto intento de suicidio, tanto ingreso en psiquiatría seguidos, tantas autolesiones. Le llegué a sacar de sus casillas para evitar que me autolesionara en el hospital. Él lo único que pudo hacer fue pararme, lo intentó de mil maneras, y, al final, de alguna manera, acertó derivándome a la Comunidad Terapéutica para trastornos de la personalidad, de la Clínica San Miguel. Se cambió a otro puesto de trabajo dentro del misma área de salud, pero me dejó en buenas manos. Estando en su nuevo puesto, me acompañó en un muy mal momento y en el que tenía que tomar una decisión muy, muy, complicada. En esto, le estoy enormemente agradecida. Nunca me abandonó, ni en el quirófano. Esa es otra historia. Lo que más destaco de él es que era buena persona y eso, se nota.

Este psiquiatra era más de prescribir medicación, y de cambiarla a menudo, y de que esta fuera bastante “anulante”. Aunque he de decir a su favor que, al menos a mí en los últimos años en los que me trató, me dedicaba mucho tiempo y me preguntaba sobre mi día a día, aunque tampoco podía ahondar mucho más. Creo que no sabía hacerlo y tampoco se lo permitían.

Me prescribió VANDRAL (venlafaxina) un antidepresivo. Se utiliza para tratar trastornos depresivos mayores, prevenir recurrencias de episodios depresivos mayores, trastornos de ansiedad generalizada, trastorno de ansiedad social y trastorno de pánico, con o sin agorafobia. El que tomaba era Retard, es decir, de acción prolongada a lo largo de los días. Entre los efectos de este medicamento, al principio de tomarlos, produce o aumenta las ideas de suicidio y de autolesión, y también es importante tener en cuenta, que si lo interrumpes de manera repentina tiene efectos adversos muy graves. No tiene mucho sentido que me lo prescribiera. Otra cosa no, pero ideas de suicidio y de autodestrucción tenía para repartir. Os recomiendo que si queréis leer una verdadera historia de terror leáis el prospecto de este medicamento7.

Pese a todo, los pocos meses que tomé VANDRAL no me vino mal. No sé si fue debido al medicamento o era el momento, el inicio de una nueva relación de la que luego me arrepentiría, cambio de casa, alguna que otra ilusión que nunca se llegó a realizar, me sentía feliz con ese medicamento, creo que demasiado feliz y me hacía no darme cuenta de lo que tenía alrededor.

Pero hay personas que piensan que eso de ser médico es genético. Que, si toda tu familia se dedica al ámbito sanitario, tu lo llevas en la sangre y puedes decidir por el otro que medicamento le conviene y cuál no. O a lo mejor es que me quería tanto que no podía permitir que los demás me vieran feliz. Amor de mierda llamo yo a eso. El caso es que a alguien se le metió en la cabeza que ese medicamento a mi me perjudicaba y lo hizo desaparecer para que no lo tomara. Y pasó lo que tenía que pasar. Tuvo unos efectos adversos muy graves, con convulsiones y mucho dolor, pesadillas, etc., que, junto a situaciones muy difíciles, lo hicieron tan inaguantable que intenté suicidarme.

A causa de ese intento de suicidio estuve casi un mes ingresada en la planta de digestivo del hospital y con muchas posibilidades de no poder comer nunca más de la manera que habitualmente se come. Por suerte, no fue así. Y tras pasar mil y un tratamientos, pruebas, gastroscopias, etc., etc., consiguieron arreglar el desaguisado que me había formado y, a día de hoy, con alguna dificultad en algún alimento, puedo comer de todo y bien, aunque sigo en tratamiento en digestivo.

A la salida del hospital, cuándo volví al CSM, el psiquiatra, con la ayuda del “médico por genética” consideraron que debía cambiar de medicación porque el VANDRAL, me perjudicaba. Creo que lo que me perjudicaba no era, precisamente, un medicamento.

Junto al Vandral, este psiquiatra me prescribió TRANXILIUM (clorazepato de dipotasio). Es un medicamento muy conocido, seguramente, por el nombre tan sonoro que tiene. Lo hay de 5, 10, 15, 20 y 50 mg. Es un medicamento que pertenece al grupo de los tranquilizantes, ansiolíticos, derivados de las benzodiazepinas. Está indicado en todas las manifestaciones de la ansiedad que puedan presentarse en los trastornos psicológicos cotidianos y cuya intensidad no alcance una dimensión psiquiátrica. Es bastante curioso que esté indicado, precisamente, para problemas psicológicos no psiquiátricos. En mi caso, fue bastante eficaz. Ha sido de los medicamentos que más me han tranquilizado y parado la ansiedad. Comencé con una dosis muy baja de 3 al día de 5mg y los últimos años que tomé este medicamento ya tomaba 3 de 50mg, con 1 más al día de rescate, como llaman los psiquiatras, por si la ansiedad se disparaba. Esto del rescate es bastante peculiar.

Y también es curioso que cada vez necesitara más y más dosis, porque pasé por todos los miligramos que existen en el mercado. Como he dicho, es muy eficaz pero tremendamente adictivo, creando dependencia física y psíquica sin que pase demasiado tiempo. Llega un momento que, incluso estando en una etapa de tu vida muy tranquila, tienes ansiedad, porque lo que, verdaderamente te provoca ansiedad es no tomar TRANXILIUM. Así que lo que sucede con este medicamento es que se convierte en un círculo vicioso (o “pastilloso” aunque no exista esa palabra). Mi día era desayuno, pastilla, comida, pastilla, cena, pastilla, cada vez más días, pastilla de rescate. Más las que yo me tomaba por mi cuenta. Y deseando tomármelas. Quizás su eficacia estuviera precisamente en eso. No te dejaba pensar en otra cosa que no fuera en tranxilium, tranxilium, tranxilium. Durante el ingreso en la Clínica San Miguel se encargaron de romper ese circulo y, aunque para ello lo pasé muy mal y me tiraba al suelo por un tranxilium, pero ahora les estoy muy agradecida porque fueron los que me descubrieron lo que verdaderamente necesitaba.

MELERIL

Como he señalado, el psiquiatra me retiró el Vandral y me prescribió otro medicamento, MELERIL (Tioridazina), manteniéndome también el TRANXILIUM. Es, era, en mi caso, un medicamento en gotas. Está indicado para el tratamiento de la esquizofrenia. Daba miedo8. No entendía porque me recetaban eso. Lleve a tomarme más de 200 gotas al día. A veces más cuándo así lo consideraban. El efecto que se supone tenía que hacer en mí era de antidepresivo y, para ser sincera, triste no me sentía tomándolo.

He estado buscando una palabra que describiera como actuaba el MELERIL en mí y solo he encontrado una. Tenía un efecto idiotizante. Me anulaba. Me pasaba el día tremendamente cansada y con poca capacidad de tener una conversación medianamente coherente. Me daba hambre, que ni siquiera sé si es uno de sus efectos secundarios, pero a mi me la daba. Quizás, por decir algo positivo de un medicamento tan negativo, el que me diera hambre fue bueno. Entre que estaba idiotizada y que me daba todo igual porque no me enteraba de nada, y además hambre, hizo que, no en demasiado tiempo, engordara los kilos que me faltaban.

Intento comprender que sentido tiene que una persona, con una enfermedad mental, tome un medicamento como MELERIL que su única indicación es la esquizofrenia, si no tiene ese diagnóstico. Intento comprender que sentido tiene que sea la que sea la enfermedad mental que tengas, incluso esquizofrenia, te prescriban una medicación que no te permita vivir. Sin dejar de lado el componente biológico que puedan tener algunas enfermedades mentales, lo importante que se debe trabajar con las personas con trastorno mental grave es el componente psicológico y el componente social. Y para eso, no hay ningún medicamento. Y menos uno que no te permita ni decir dos frases seguidas sin trabarte y sin tener que volver a pensar lo que estabas diciendo. Para eso, el único medicamento que existe es la psicoterapia, el trabajo personal y la paciencia tanto de la persona con sufrimiento psíquico como de los profesionales y familiares que la rodean.

Pero lo peor de MELERIL no fue eso, aunque ya era bastante grave, sino que después de tomarlo durante unos años lo retiraron9. En ese momento, no me dijeron los motivos de la retirada. Yo tampoco preguntaba nada porque me daba todo igual. Tampoco hicieron una retirada gradual del medicamento, sino que, me llamaron por teléfono; fui al CSM y el psiquiatra me dijo que no me lo tomara más. Y me recetó otro.

Yo no tenía esquizofrenia y quizás por eso me pude acostumbrar pronto a no tomar MELERIL. Después he podido saber los motivos por los que fue retirado y que, para algunas personas, las verdaderamente diagnosticadas de esquizofrenia, supuso un verdadero calvario su retirada y un importante cambio en sus vidas. Oficialmente, y no dudo que sea cierto, pero no creo que fuera lo que verdaderamente le importara a la Agencia del Medicamento, el motivo de la retirada fue que, tras su consumo prolongado, provocaba problemas cardiovasculares, hemorragias internas, etc. El motivo real de su retirada, en mi opinión, es que no era rentable económicamente para la empresa farmacéutica dado el bajo coste de la molécula de la que está formado. Era muy barato. No lo tomé más allá de un año. Pero nunca voy a poder saber si me causó algún perjuicio físico.

CITALOPRAM Y RIVOTRIL

Aunque hasta llegar al siguiente medicamento que describo tomé otros durante periodos cortos de tiempo, el siguiente antidepresivo que el psiquiatra me prescribió fue CITALOPRAM (el principio activo es citalopram). Está indicado en el tratamiento de depresión y prevención de recaídas y recurrencias, trastorno de angustia con o sin agorafobia, trastorno obsesivo compulsivo. Es en el único medicamento que he tomado al que le veo un poco de coherencia con mi situación personal.

CITALOPRAM ha sido el antidepresivo que durante más tiempo he tomado. Aproximadamente 10 años. Ha sido el último que he tomado y espero no volver a tomar ningún antidepresivo más. Es buena señal que sea así.

No puedo decir que su toma haya sido negativa pero tampoco le puedo dar una importancia inmerecida a mi recuperación. Fue eficaz en cuanto que me eliminó la extrema tristeza o al menos no me sentía tan triste de una manera tan continuada. Coincidió la toma de CITOLPRAM con mi entrada en la Comunidad Terapéutica de Trastornos de la Personalidad de la Clínica San Miguel10, que me propuso el psiquiatra y yo acepté. ¿Qué otra opción tenía? Lo eficaz fue su combinación con el tratamiento en esta Comunidad que combinaba antidepresivo y otras medicaciones, con terapia psicológica. El problema es que la duración del tratamiento es muy breve. En mi caso 7 meses porque decidieron, que dado lo bien que me estaba funcionando, alargarlo un mes. Y lo más importante, descubrí lo que verdaderamente me ayudaba: la terapia psicológica, tratar mi pasado, mi presente y conseguir las herramientas para vivir en armonía conmigo misma y con los demás. No es que durante mi estancia en la Comunidad lo consiguiera, pero supuso un cambio importante. Minimizo el tipo de autolesiones que me infringía y las espació en el tiempo. Redujo el número de intentos de suicidio, aunque no los eliminó. Y me ayudó a reducir la medicación a unos niveles muy bajos.

Durante mi estancia en la Clínica San Miguel me propusieron eliminar el Tranxilium. Aunque a mi me aterraba, el hecho de estar en un espacio cerrado, protegida y con la posibilidad de recurrir a un profesional si me encontraba mal, hizo que al final aceptara y me implicara en esa eliminación. Para ello, me redujeron al mínimo el Tranxilium y me prescribieron RIVOTRIL (clonazepam) que es una benzodiazepina indicada en el tratamiento de la epilepsia. Por lo que me explicaron, era eficaz para la ansiedad. Finalmente, pude dejar de tomar Tranxilium pero me mantuvieron el Rivotril. Al menos allí te explicaban lo que tomabas, aunque no sé si es cierto. Después de salir de allí y tras el cambió de psiquiatra, me lo retiraron porque consideraban que tenía demasiados efectos secundarios y no me beneficiaba.

VALIUM

A la salida de la Clínica San Miguel, fue cuando el psiquiatra se cambió de puesto y me asignaron otro nuevo. Le conocía porque me había atendido en alguna urgencia y siempre me pareció bastante cercano y muy correcto conmigo. Primero pasé por un Centro de Rehabilitación Laboral11, dónde me sentía bastante mal y que se aprovechaban de mí. Había estado 7 meses con una rutina y unos horarios muy estrictos y lo que menos me apetecía era volver a trabajar y tener obligaciones de ningún tipo.

Tomé Citalopram y Rivotril durante un tiempo. Le pedí al nuevo psiquiatra entrar en el Hospital de Día12. Cuando entras en el Hospital de Día dejas de tener que acudir a tu psiquiatra del CSM porque te asignan uno allí. El psiquiatra que me asignaron allí lo primero que hizo fue retirarme el Rivotril. El medicamente que me prescribió fue VALIUM (diazepam), muy conocido, con apariciones estelares en el cine, la literatura, la música, etc., y empleado también como analgésico. Los médicos recetan VALIUM a las personas que presentan síntomas de ansiedad, agitación y tensión psíquica. Lo consume muchísima gente. Para mí era importante conocer a personas que, sin estar en tratamiento psiquiátrico, tomaban VALIUM. Normalizaba el hecho de tomar un medicamento prescrito por un psiquiatra. Hubo momentos en que fue muy eficaz. Me quitaba la ansiedad. Pero en aquellos realmente malos, en los que era imparable el sufrimiento no me hacía nada. Este medicamento lo combinaba con el antidepresivo Citalopram.

Lo peor del VALIUM fue dejarlo. Hace 7 años y medio decidí reiniciar aquello que empecé en la Clínica San Miguel, con un psicólogo privado al que creo que no me quedan años de vida para darle las gracias. No sé si él es totalmente consciente de dónde venía cuándo llegué a su consulta y de dónde estoy ahora. Y no sé si es consciente de lo mucho que me ha ayudado, aunque me diga que lo hecho yo, sé que no es cierto. Yo sola no hubiera podido. Creo que continuaré mientras me lo permita. Cuento esto porque también este nuevo proceso psicoterapéutico ha sido clave para que yo pudiera dejar de tomar VALIUM y Citalopram, aunque el VALIUM me costó bastante más.

La retirada de Citalopram fue prácticamente inmediata. Se lo consulté al psiquiatra, hace aproximadamente 4 años, y su respuesta fue que si yo estaba decidida lo hiciera porque él pensaba que no lo necesitaba. Qué el único efecto secundario que podría sentir era como una especie de proceso gripal. Y así fue, con un poco de miedo, dejé de tomar Citalopram. Pasé unos días con un poco de dolor de espalda, de cuello, con molestias intestinales, pero en unos 15 días, me sentía estupendamente y muy contenta de haber dejado de tomarlo.

El VALIUM me costó más. Sabía que no lo necesitaba. El psiquiatra también lo consideraba así, pero es muy adictivo y necesitaba el hecho de llevarme a la boca una pastilla. Por decirlo de otra forma, si en lugar de VALIUM me hubieran metido caramelos del mismo tamaño y color, lo hubiese podido dejar más rápidamente. Por lo que fue necesario un año para dejarlo. A medida que anímicamente me iba sintiendo mejor, que veía que las sesiones de terapia eran eficaces pude ir disminuyendo la dosis.

Le pedí al psiquiatra que lo bajara. Me lo bajó de una pastilla de 5mg al día a una de 2,5mg al día. Después tomándola un día sí y otro no. Y, finalmente, dejándola de tomar. Mi alegría al no tomar nada de medicación era inmensa. Suponía que yo era quién decidía en mis pensamientos, en mis decisiones, que no había nada químico que me indujera a sentirme alegre, ni triste. Qué mis sentimientos eran los míos, ahora de verdad, sin intermediarios.

QUISQUILIAE: HALOPERIDOL, LARGACTIL Y ZYPREXA

Estos fueron los medicamentos más significativos y con tratamientos más largos que he tomado. Pero hay otros que, aunque de tratamientos más cortos e, incluso, de uso esporádico han tenido mucha importancia a lo largo de estos veintitantos años de tratamiento.

Uno de ellos es HOLOPERIDOL (el principio activo es haloperidol) antipsicótico indicado para el tratamiento de la esquizofrenia y el trastorno bipolar. No lo he tomado más de 2 meses seguidos. Se presentaba en gotas. El motivo por el que no lo tomé más de ese tiempo es porque provocaba en mí síntomas extrapiramidales muy graves que consistían en una rigidez muscular muy intensa en piernas y boca. Pese a que me mantenía ausente todo el día (con nula capacidad para conversar, hablar, pensar, leer, etc.), los efectos extrapiramidales me causaban un intenso dolor y mucha angustia porque, principalmente, no me permitía dar dos pasos sin tener que volver a pararme. Y no me permitía hablar sin que la mandíbula se me cayera. Y la baba. En varias ocasiones me tuvieron que pinchar AKINETON13, alguna de ellas de urgencia.

Otro medicamento es LARGACTIL (clorpromazina) en gotas de 40mg/ml gota. Indicado para el tratamiento de estados de agitación psicomotriz: psicosis agudas, crisis maniacas, accesos delirantes. síndromes confusionales, procesos psico geriátricos, etc. También en esquizofrenia, síndromes delirantes crónicos y curas de sueño. No lo he incluido en las que considero de tratamiento porque, aunque lo he tomado en muchísimas ocasiones, nunca con una continuidad superior a 3 meses, al menos que yo recuerde. Aunque pueda que para otras enfermedades 3 meses de tratamiento pueda ser mucho, en el caso de las enfermedades mentales, tomar un medicamento ese tiempo no es nada, es relativamente poco tiempo para que sea eficaz. Normalmente me lo indicaban para situaciones puntuales de mucho sufrimiento y con mucho riesgo de que me autolesionara o me intentara suicidar. Una especie de freno ante esas situaciones. También tuvo su momento de gloria en la prensa14.

Recuerdo de LARGACTIL su sabor. Sabía a algo metálico. Me he llegado a tomar más de 100 gotas en una dosis, varias veces al día y es curioso porque esa última indicación que señala su prospecto, curas de sueño, era lo que a mi más me provocaba, sueño. Pero un sueño en el que, aunque tenía que permanecer tumbada todo el tiempo, me daba cuenta de todo lo que sucedía alrededor.

Pero lo que más recuerdo es como lo utilizaba una psiquiatra de hospital en el que solía ingresar. No guardo rencor a esa psiquiatra, al contrario, tengo un buen recuerdo de ella. En mi opinión, era la mejor que había en el hospital. Te dedicaba algo de tiempo. Allí tampoco creo que puedan hacer mucho más. Pero nunca entendí que combinara 10, 15, 20 gotas de LARGACTIL y contención mecánica15. No tenía ningún sentido. Estaba ingresada en un hospital, en una planta con puertas cerradas y un estricto control, te daban un medicamento que te provoca una ensoñación que no te permite hacer nada, ¿en serio era necesario que me ataran a la cama durante más de 24 horas? Esta práctica no se produjo una ni dos veces, si no durante más de un ingreso y varias veces dentro de un mismo ingreso. No soy psiquiatra, pero creo que hay otras formas de calmar a alguien que se encuentra mal y tiene miedo, que a veces solo es necesario un acompañamiento mientras hace efecto un medicamento que, en definitiva, también es una contención (química). Lo que sí que puedo asegurar es que la contención mecánica ha dejado en mí, importantes secuelas psicológicas, que lo recuerdo con un sufrimiento enorme, con mucha soledad e indefensión, y como un trato denigrante por parte de personas que se suponen son profesionales de la Salud Mental y se dedican al cuidado de los demás.

Por último, ZYPREXA (olanzapina). Es un antipsicótico, de hecho, durante un tiempo lo llamaban “el antipsicótico de moda”, indicada para el tratamiento de esquizofrenia y trastorno maniaco (bipolar) moderado a grave. Nunca he tenido en mi casa ni lo he tenido que comprar. Aunque lo he tomado en numerosas ocasiones, siempre me lo proporcionaron en el propio CSM por indicación del psiquiatra que hasta día de hoy tengo asignado. El efecto que me provocaba era de absoluto K.O. Me tumbaba, literalmente. Me podía pasar un día profundamente dormida. Sé que tiene numerosos efectos secundarios. Nunca los sentí porque no lo he tomado más de dos días seguidos, pero sí que sé que me dejaba, después de día del K.O., varios días con muchísima somnolencia y cansancio. La intención del psiquiatra era evitar un nuevo ingreso, algo que le agradezco. Lo que no estaba bien era que la manera de solucionar una crisis tuviera que ser mediante algo que no me dejará pensar y que, posteriormente, no hubiera un espacio para intentar explicar lo que había provocado esa crisis. No sé si hubiese podido, pero tampoco vi ninguna intención de que se intentara.

Llevo casi 3 años sin tomar medicación. Alguna vez, de forma puntual, he recurrido a ella porque mantengo en casa una caja de Valium. También, dada la situación en la que nos encontramos, con una emergencia sanitaria grave, en estado de alarma y confinados, he tenido que pedirle al psiquiatra que me prescribiera algo porque no podía dormir. Solo lo he necesitado los primeros días. Con este psiquiatra he hablado muchas veces el tema de la medicación y él considera que no he sido una paciente que haya tomado mucha medicación en comparación con otros. A mi sí me parece excesiva y con muchos, demasiados, cambios, por un motivo o por otro. Y lo que me parece peor, que la medicación impedía otro tipo de terapias que hubieran venido mejor.

Este escrito no es un alegato en contra de la medicación psiquiátrica. No. En ocasiones, no queda más remedio que utilizarla porque el sufrimiento psíquico es tan intenso que hay que pararlo para poder continuar viviendo, para poder continuar trabajando porqué se produce ese sufrimiento. Además, solamente debe ser retirada bajo control psiquiátrico, nunca por uno o una misma. El problema es que quiénes prescriben esos medicamentos no pueden, no les permiten, o no quieren, porque “haberlos, hailos”, continuar ese proceso que permita indagar en ese sufrimiento hasta hacerlo desaparecer. Tampoco me posiciono en las filas de alguno de los colectivos actualmente existentes de personas usuarias del Sistema de Salud Mental, ni de aquellos que se denominan “en primera persona” porque, salvo excepciones, viven la locura, el sufrimiento psíquico como si hubiera que estar orgullosos de ello (yo no estoy orgullosa de haber pasado por tanto sufrimiento; hubiera dado lo que fuera por no haber pasado por esto; no me puedo sentir orgullosa; si acaso, liberada de ya no estar así), excluyen a algunas patologías psiquiátricas por considerarlas de menor relevancia, pretenden la horizontalidad desde la verticalidad y solo permiten dar voz a aquellos que consideran sus líderes, aparte de estar sumamente politizados y no incorporar a los profesionales de la Salud Mental (no sólo psiquiatras, sino todos aquellos que tienen alguna relación con las personas con enfermedad mental) como parte importante en un cambio profundo del actual Sistema de Salud Mental.

Dicen que lo que no te mata te hace más fuerte. No siempre es cierto. A veces las secuelas te pueden ir matando poco a poco, o haciendo tu vida más difícil. No puedo culpar a la medicación de algunos de los problemas físicos que tengo, ni tampoco a los intentos de suicidio, porque no hay manera de comprobar que determinada consecuencia tenga una sola causa, pero podría ser una acumulación de causas con algunas consecuencias.

LOLAML

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1 QUISQUILIAE: Del lat., porquerías

2 Ante todo, dejar claro, que lo que cuento aquí sobre una serie de medicamentos lo hago desde la experiencia de haber tenido que consumirlos por indicación psiquiátrica y que me baso en el conocimiento de los efectos que estos medicamentos provocaron en mí, pero que no tienen que ser los mismos en otras personas, es más, seguramente, no sean los mismos. Tan sólo pondré, desde el punto de vista farmacéutico su principio activo y para que están indicados.

3 Borderline Symptom List Short Version (BSL-23). Existe versión en castellano. Validada.

4 Centro de Salud Mental

5 Centro de servicios especializados dedicado a la información y valoración de la discapacidad en la Comunidad de Madrid.

6 En principio, supone la necesidad de ser acompañada en todas las actividades básicas e instrumentales de la vida diaria.

7 Prospecto VANDRAL Retard de 75mg. El mío era de 150mg, dos veces al día: https://cima.aemps.es/cima/dochtml/p/62401/Prospecto_62401.html

8 No es que estar diagnosticada de TLP de menos miedo.

9 “Sanidad retira el antipsicótico Meleril” El País. 23/01/2005: https://elpais.com/diario/2005/01/23/sociedad/1106434802_850215.html

10 Actualmente ha cambiado tanto su ubicación como su práctica terapéutica.

11 Los Centros de Rehabilitación Laboral (CRL) son un recurso específico, de servicios sociales especializados, destinado a las personas con enfermedad mental severa para ayudarles a recuperar o adquirir los hábitos y capacidades laborales necesarias para acceder al mundo laboral y apoyar su integración y mantenimiento en el mismo.

12 Hospital de Día de Adultos es un dispositivo sanitario que desarrolla un programa de tratamiento ambulatorio intensivo, limitado en el tiempo, que proporciona estabilización en las crisis o tratamiento a medio plazo en problemas graves de salud mental.

13 El Akineton está indicado en el tratamiento de los síntomas extrapiramidales (que se caracterizan por tener movimientos involuntarios y lentos, debilidad muscular, temblor, excesiva producción de saliva y sudoración), originados por algunos medicamentos

14 Sanidad retira del mercado un lote del antipsicótico Largactil al detectar posibles sustancias “extrañas”: https://www.20minutos.es/noticia/3574028/0/sanidad-retira-lote-largactil/

15 La contención mecánica es una terapia realizada por enfermería y pautada por el médico que implica la inmovilización de una parte o de todo el cuerpo del paciente en contra de su voluntad.

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Carta al SUMMA 112 y la ORCSMyA: sobre el uso indiscriminado de la sujeción mecánica en las ambulancias “psiquiátricas” destinadas al traslado involuntario de personas con sufrimiento psíquico

Estimadxs socixs,

A continuación compartimos una carta que hemos redactado y firmado junto con otras asociaciones profesionales en relación al uso indiscriminado de la sujeción mecánica en las ambulancias psiquiátricas destinadas al traslado de personas con sufrimiento psíquico. Este texto, dirigido a los responsables del SUMMA 112 y de la Oficina Regional de Salud Mental y Adicciones de la Comunidad de Madrid, expone nuestra preocupación por esta situación y reclama la toma de medidas por parte de las autoridades sanitarias competentes.

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A los responsables del SUMMA 112 y la Oficina Regional de Coordinación de Salud Mental y Adicciones de la Comunidad de Madrid

Asunto: sobre el uso indiscriminado de la sujeción mecánica en las ambulancias “psiquiátricas” destinadas al traslado involuntario de personas con sufrimiento psíquico

Las asociaciones científicas y profesionales firmantes deseamos manifestar nuestra preocupación acerca de la situación de vulnerabilidad de las personas usuarias de la red de salud mental en relación a los traslados que se realizan en las ambulancias psiquiátricas de la Comunidad de Madrid y el uso indiscriminado de sujeciones mecánicas en los mismos.

Las sujeciones mecánicas son dispositivos dirigidos a la limitación del movimiento de una persona. Cuando hablamos sobre ellas en Salud Mental generalmente nos referimos al uso de correas con las que se fuerza a una persona a permanecer en una cama o una silla en la que se le inmoviliza. Como se recoge en la Resolución 106/17 del Viceconsejero de Sanidad y Director General del Servicio Madrileño de Salud, la sujeción de una persona implica una restricción de sus derechos fundamentales y de su dignidad y, por ello, como indica la propia resolución, debería ser obligado asegurar que solo se aplicará la sujeción de forma excepcional en situaciones puntuales, y que incluso en esas situaciones se buscarán otras medidas útiles que eviten el uso de las mismas… Asimismo, es bien conocido el potencial impacto perjudicial (en ocasiones grave) que el uso de sujeciones mecánicas puede tener sobre la salud física y mental de las personas, así como sobre los vínculos terapéuticos con los profesionales y la red de apoyo en la que prestan sus servicios.

Si bien actualmente se espera un uso anecdótico de las sujeciones, tan sólo en casos extremos, en donde el resto de medidas para garantizar la integridad física de las usuarias/usuarios o terceros han fallado, la ausencia de una regulación a nivel legislativo facilita el riesgo de mal uso y abuso mediante su aplicación de forma inadecuada e indiscriminada.

En la Comunidad de Madrid, dentro del ámbito del transporte sanitario, existe un tipo de medio característico para realizar traslados de personas de forma involuntaria y/o cuando se considera que por el estado psicopatológico del paciente no puede garantizarse la seguridad propia o de terceros si se realizase el traslado en una ambulancia convencional. Dada la merma del derecho fundamental a la libertad que conllevan tanto el traslado forzoso, como el uso de la sujeción mecánica, la valoración de la necesidad de usar excepcionalmente estas medidas debe ser realizada por un facultativo, siendo éste el único que puede solicitar la restricción de la movilidad de una persona por razones de salud mental.

Tomando en consideración el Plan Estratégico de Salud Mental 2018-2020 de la Comunidad de Madrid, en la Línea Estratégica 9 se hace referencia a la necesidad de defender la atención con humanidad y respeto a los derechos de las personas con sufrimiento psíquico, rechazando la discriminación y estigmatización de las usuarias de los servicios de salud mental.

Además, como consta en una comunicación de la Asociación Madrileña de Salud Mental, en octubre de 2019 se mantuvo una reunión con la ORCSMyA en la que se recogieron las quejas de los profesionales en relación a las dificultades para garantizar un trato digno en las ambulancias psiquiátricas debido al uso indiscriminado de las sujeciones mecánicas alegando la existencia de un “protocolo” interno que obliga a ello. La ORCSMyA compartía la preocupación por estos hechos e informaban de que iban a retomar el asunto para solucionarlo.

Bajo este contexto, queremos manifestar lo siguiente:

  1. Seguimos recibiendo testimonios de profesionales de la red de salud mental en los que se denuncia que se está obligando a las personas con sufrimiento psíquico que van a trasladarse entre dos centros sanitarios en ambulancia psiquiátrica a realizar el trayecto en sujeción mecánica, en una silla, restringiendo la movilidad de ambas manos, ambos pies y el tórax, que quedan sujetos a la misma.
  2. Que la sujeción mecánica de las usuarias y usuarios durante los trayectos en ambulancia psiquiátrica se realiza en contra del criterio del facultativo que ha solicitado el traslado, a pesar de haber informado de la ausencia de criterios para aplicar esta medida durante la gestión de la solicitud.
  3. Que los técnicos que realizan el traslado se oponen al mismo si el paciente no va sujeto totalmente a la silla, a pesar de ser informados por el facultativo de que es una medida restrictiva excesiva, innecesaria y que puede tener efectos deletéreos en la salud psíquica del paciente.
  4. Que se justifica el uso de la sujeción mecánica en referencia a un protocolo interno de la empresa que gestiona estas ambulancias.
  5. Manifestamos nuestra preocupación por los testimonios en los que se relatan situaciones de elevada angustia por el uso de las sujeciones mecánicas durante el traslado, en personas en las que el uso de esta medida se consideraba contraindicado por un facultativo, y las posibles consecuencias de estos hechos.

Por todo ello, consideramos:

– Que el uso indiscriminado de la sujeción mecánica en las ambulancias psiquiátricas supone una vulneración de los derechos fundamentales de las personas con sufrimiento psíquico, que puede suponer un riesgo a la salud de las mismas.

–  Que la característica que debe definir la existencia de una ambulancia que preste servicio específico a personas con sufrimiento psíquico es la presencia de profesionales que puedan realizar un acompañamiento y apoyo más intenso y adecuado a las necesidades que la persona pueda tener durante su traslado.

–  Que, por ello, el personal de las ambulancias psiquiátricas debería estar adecuadamente formado en el acompañamiento de personas con sufrimiento psíquico y no tan solo en el uso de técnicas de sujeción.

–  Que el uso de las sujeciones mecánicas no puede realizarse por protocolo sin que se hayan valorado otras alternativas y sin que existan beneficios claros que superen los perjuicios que su uso tiene sobre los derechos y la salud de las personas.

–  Que su indicación debe ser realizada por un facultativo siempre que sea posible, basada en criterios sanitarios, y que no puede depender de forma aleatoria del grado de humanidad de los técnicos que realicen el traslado.

–  Que la utilización o no de la sujeción mecánica no puede ir en detrimento del derecho de disfrutar de unos cuidados de calidad que busquen garantizar el bienestar, la seguridad y la dignidad de las personas.

–  Que es fundamental que los servicios de emergencia extrahospitalarios y las empresas que colaboren con los mismos asuman la Resolución 106/17 del Viceconsejero de Sanidad, para garantizar el avance hacia la eliminación de las sujeciones mecánicas.

Por último, y en relación a lo expuesto, solicitamos al SUMMA 112 y a la ORCSMyA:

    • Que se solicite y revise el supuesto protocolo de sujeciones mecánicas para el traslado de personas con sufrimiento psíquico en ambulancia psiquiátrica, para que cumpla con lo establecido en la Resolución 106/17 del Viceconsejero de Sanidad, donde señala que no se someterá a ningún paciente a sujeciones por conveniencia o disciplina, y exclusivamente se recurrirá al cuidado y la atención del paciente mediante sujeciones, en caso de grave e inminente riesgo para la integridad del paciente o la de terceros; y que el protocolo especificará que es obligado asegurar que solo se aplicará la sujeción de forma excepcional en situaciones puntuales, y que incluso en esas situaciones se buscarán otras medidas útiles que eviten el uso de las mismas (…).
    • Que en aquellos casos en los que sea posible, como en el traslado de usuarias y usuarios entre centros sanitarios mediante ambulancia psiquiátrica, la decisión de usar la sujeción mecánica dependa del facultativo responsable del paciente y, por tanto, no se realice de manera indiscriminada, a fin de garantizar su uso en, únicamente, situaciones de excepcional riesgo para la integridad psíquica o física de esa persona o de terceros.
    • Que la ORCSMyA solicite información periódica sobre el uso de sujeciones en las ambulancias psiquiátricas a fin de garantizar el mínimo uso imprescindible de estas medidas, cuando otras alternativas no sean posibles o hayan fracasado, y que se cumpla con el compromiso de tolerancia cero con el abuso de sujeciones.
    • Que garantice la adecuada formación de los profesionales que realizan los traslados en los cuidados necesarios que una persona con sufrimiento psíquico pueda tener durante los trayectos, en vistas a ofrecer una atención de la máxima calidad posible y caminar hacia la eliminación total del uso de estas medidas.

    En Madrid a 12 de agosto de 2020,

    Asociación Madrileña de Salud Mental

    Grupo de Trabajo de Salud Mental SoMaMFyC

    Asoc. Nac. de Psicólogos Clínicos y Residentes

    Asoc. Madrileña de Rehabilitación Psicosocial

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Posicionamiento de la AMSM sobre la huelga de residentes del Servicio Madrileño de Salud

Los y las residentes que trabajan en el Servicio Madrileño de Salud han convocado una huelga indefinida a partir del día 13 de Julio para reclamar una condiciones de trabajo dignas y la firma de un convenio colectivo. Desde la Asociación Madrileña de Salud Mental llevamos años denunciando el ataque sistemático, los recortes y la precarización que ha sufrido nuestra Sanidad Pública y el impacto que esto ha tenido en los profesionales y la población que atendemos.

 Los residentes de las diversas especialidades (médicas, psicólogas, farmacéuticas, radiofísicas, químicas y biólogas) tienen unas condiciones de trabajo especialmente precarias y vulnerables; siendo un colectivo donde históricamente no se respetan derechos laborales tan básicos como el descanso obligatorio después de jornadas de 24h de trabajo, el descanso mínimo semanal de al menos 36 horas seguidas, la remuneración y limitación de las horas extra y el derecho a una formación y supervisión regladas. Nos genera especial preocupación el hecho de que en la última década el número bruto de profesionales en formación con las condiciones antes denunciadas han aumentado, al tiempo que las plantillas estructurales de los centros sanitarios se han ido mermando y precarizando. Consideramos imprescindible que el Servicio Madrileño de Salud y la Consejería de Sanidad aseguren unas condiciones mínimas para su personal en formación que permita una atención pública de calidad en nuestra región.  

Por todo lo anterior, la Junta de la Asociación Madrileña de Salud Mental apoya las reivindicaciones de los residentes de la Comunidad de Madrid e insta a la Consejería de Sanidad a sentarse a negociar unas condiciones de trabajo dignas que respeten los derechos de los trabajadores sanitarios de nuestra Sanidad Pública.

Un sistema sanitario público que descuida a sus futuros profesionales y desatiende sus necesidades es un sistema sanitario condenado al fracaso. 

 

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Deprescripción de antidepresivos

Nos es grato compartir este trabajo de Javier Romero, sobre el uso de antidepresivos, que ha sido recientemente publicado en la revista Boletín Fármacos: Uso Apropiado de Medicamentos.

Romero Cuesta, Javier. Actualización sobre el síndrome de abstinencia y efecto    “depresógeno” de los antidepresivos. Boletín Fármacos: Uso Apropiado de Medicamentos 2020; 23(1), 9-15. 

 

 

 

 

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EL PANÓPTICO. Boletín N46 primavera 2020

Almeida soterrará las agendas de los CSM para aliviar la congestión.

Se permitirá circular a familias con distintivo C de alta ocupación diagnóstica.

Joyas Toburn. Redacción del Panóptico. Madrid. La saturación que tienen las agendas de los Centros de Salud Mental de la Comunidad de Madrid tiene solución: soterrarlas. Esta es la propuesta que el alcalde de Madrid, Martínez Almeida, ha presentado a la Consejería de Sanidad para que desaparezcan los atascos de pacientes en superficie. El proyecto, cuyo diseño ha sido encargado al experto en seguridad vial, Ángel Carromero, pretende habilitar un túnel que va de la entrevista de evaluación al alta clínica, con varias bifurcaciones por donde circulará soterrado el tráfico de pacientes entre profesionales y servicios. Carromero ha anunciado que por el túnel podrán circular también las familias con distintivo C, independientemente del nivel de ocupación diagnóstica y que está previsto la construcción de un macropárking de pacientes con plazas permanentes y temporales.

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Emergencia y violencia de género

016Nos ha parecido fundamental, incorporar esta reflexión que parte de la Comisión Técnica de Acciones en Salud frente a la Violencia de Género de la Consejería de Sanidad:

“La violencia hacia las mujeres aumenta en las situaciones de emergencia. Durante la pandemia por coronavirus las mujeres víctimas de violencia de género continúan en riesgo, tanto en la fase de confinamiento con en la desescalada. Las y los profesionales han de tener una actitud proactiva para identificar casos e intervenir de forma adecuada con estas mujeres”

En la página web de la consejería “COVID-19 confinamiento y salud” hay información sobre VG tanto dirigida a mujeres como para profesionales sanitarios. Se puede llegar a este espacio mediante el siguiente enlace https://www.comunidad.madrid/servicios/salud/covid-19-confinamiento-salud

Se sugiere que podáis hacer llegar este mensaje y estos enlaces al mayor número posible de compañeras/os de vuestra organización para que, al menos, tengan una vía rápida de encontrar información.

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A propósito de…Sobre un saber hacer en el trato y tratamiento de la locura. Boletín N46 primavera 2020

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La contención mecánica como acontecimiento centinela: propuesta para avanzar hacia su eliminación. Boletín N46 primavera 2020

Ana Moreno Péreza, Alberto Fernández Liriab

a Psiquiatra. Área de Gestión Clínica de Psiquiatría y Salud Mental. Hospital Universitario Príncipe de Asturias. Alcalá de Henares. Madrid.

bProfesor asociado de la Universidad de Alcalá

Resumen: Se denomina acontecimiento centinela a cualquier evento inesperado que implica la muerte o lesiones físicas o psicológicas graves, o el riesgo de las mismas que, cuando se produce, obliga a la organización a realizar un análisis de causa raíz oportuno, exhaustivo y creíble, que desarrolle un plan de acción diseñado para implementar mejoras para reducir el riesgo, implemente las mejoras y monitorice la efectividad de esas mejoras. La contención mecánica no sólo no es una práctica segura ni para pacientes ni para los profesionales que la realizan. Atenta también contra los derechos de las personas. Su consideración como acontecimiento centinela favorece la implantación de medidas para reducirla-eliminarla.

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Una burbuja en el limbo: Reflexión sobre la construcción cultural de la locura. Boletín N46 primavera 2020

Consuelo Murillo Cabrera

Socióloga. Profesora UNED

 

Ponencia presentada a las Jornadas sobre Prácticas en rehabilitación psicosocial “Encaja pero no gira” (15-Octubre-2018, en Madrid)

“¿Qué es la razón? La locura de todos. ¿Y qué es la locura? La razón de uno.”

Giuseppe Rensi (1871-1941)

Introducción

Ante la proposición de elaborar esta ponencia, tras aceptar fui consciente de la envergadura de la tarea, porque ¿qué puede aportar la sociología o la antropología en un tema tan complejo como la locura?, de manera que superada la tentación inicial de profundizar en el funcionamiento del cerebro humano, ámbito que domina la medicina y las ciencias psi, termine inclinándome por indagar en la literatura.  Porque desde el ámbito creativo de la literatura se nos presentan las tramas humanas, sociales, políticas, emocionales, psicológicas… captando lo arquetipos sin los complejos de la ciencia.

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