Asociación Madrileña de Salud Mental (septiembre 2025 – marzo 2026).
Este ciclo de mesas redondas nace con la intención de abrir un espacio de reflexión sobre la práctica en salud mental. Alejándonos de la tendencia a reproducir modelos técnicos o normativos de intervención, nos proponemos detenernos a pensar qué hacemos, cómo lo hacemos y desde qué marco lo pensamos. Para ello nos adentraremos en siete enfoques diferentes de nuestro quehacer en salud mental que recorrerán y entretejerán la clínica, la terapéutica, la asistencia, el efecto de la experiencia, el lugar del cuerpo y el valor de la palabra. A partir de estas distintas perspectivas, buscamos revisar críticamente nuestras intervenciones, atender a las dimensiones éticas, relacionales y sociales que atraviesan el trabajo clínico, y recuperar una mirada más consciente, compleja y comprometida con el alivio del sufrimiento psíquico.
Cristina Polo Usaola. Psiquiatra. Centro de Salud Mental de Hortaleza (Hospital Ramón y Cajal). Elena Panadero Utrilla. Psicóloga clínica. Centro de Salud Mental de Moratalaz (Hospital General Gregorio Marañón). Montserrat Mera García. Trabajadora Social. Centro Salud Mental de El Escorial. Leticia Camarillo Gutierrez. Psicóloga Clínica. Programa Atiende (Hospital General Gregorio Marañón). RED DE REFERENTES DE VIOLENCIA DE GÉNERO DE CENTROS DE SALUD MENTAL.
Resumen:
Presentamos en este trabajo una encuesta realizada en mayo de 2025 a profesionales de la red de Salud Mental de la Comunidad de Madrid sobre sus conocimientos y actitudes en relación a la violencia de género (VG) y los recursos existentes para la atención a las víctimas. El cuestionario, en formato online, fue distribuido por las personas referentes de VG de los Centros de Salud Mental entre los y las profesionales de sus equipos. Al comparar los resultados de esta encuesta con otra similar realizada en 2017, observamos que en 2025 ha aumentado significativamente la proporción de profesionales que exploran habitualmente la VG en consulta. También ha incrementado la proporción de profesionales que han recibido formación específica y conocen protocolos de actuación vigentes. Finalizamos señalando el riesgo de que algunos retrocesos sociales actuales asociados a discursos antifeministas y negacionistas de la violencia de género puedan trasladarse a contextos profesionales.
Ante todo quiero agradecer la propuesta de Cristina Díez, directora del centro de rehabilitación laboral San Blas, quien me sugirió amablemente compartir mi experiencia en torno a la supervisión. Anticipo, son reflexiones que me surgen al aproximarme a un aspecto básico de nuestra tarea. Es una visión personal que me resulta de guía. Dejo de lado cualquier intento de generalidad, entiendo que a cada cual le corresponde construir su propia representación. También renuncio a la valorada originalidad. Parto de una frase adjudicada al rey Salomón: no hay nada nuevo bajo el sol.
A lo largo de más de 18 años he tenido la oportunidad de supervisar en distintas modalidades: directa- indirecta, individual- grupal, dentro –fuera de entidades. He pasado por tres escuelas distintas.
Me resulta sorprendente la repercusión que ha tenido en mi práctica unas cuantas experiencias de supervisión. Lejos de ser recuerdos fijos en el tiempo, son huellas vivas, ricas y que dotan de sentido mi hacer cotidiano.
Lo primero que queremos, y debemos, expresar con esta nota es el total apoyo a las compañeras que trabajan, o trabajaban (dada la renuncia a su puesto de trabajo de más de 50 personas) en la red de rehabilitación para una de las entidades que gran número de recursos de la misma gestiona. Porque sí, como ya hemos comentado anteriormente, la red de rehabilitación, o de atención social a la Salud Mental, es igual de importante, si no más, por el sostén que han de proporcionar dentro de un modelo comunitario de atención. Es por ello que queremos mostrar nuestra solidaridad con todas esas personas, con todas ellas. Con las que justificadamente y debido a las bajadas temerarias de su salario han renunciado al puesto, así como con las que a pesar de ello se mantienen en el mismo, y sobre todo, con las personas que precisan del trabajo de esas profesionales en sus respectivos recursos.
Acompañar el sufrimiento psíquico, tratar los dolores del alma, ha sido siempre una tarea compleja. Desde fuera sorprende esta extraña vocación, desde dentro nos preguntamos qué nos mantiene interesados en esta dura tarea. Esta artesanía, que se empeñan hoy en vestir de ciencia natural, amasa lo más esencialmente humano: los afectos, sentimientos, pensamientos, en su cara doliente. Poco podemos hacer con los modelos predominantes actuales que se proponen para el abordaje de los problemas psíquicos, en los que la herramienta fundamental es corregir un disbalance de neurotransmisores y un pack de psicoterapias centradas en la adaptación social, en el que usuarios, clientes o consumidores van a proveerse de un servicio para la mejora de su salud. Bien sabemos, cuando hemos tenido la oportunidad de tratar el desasosiego, la angustia y la tristeza durante largo tiempo —y más aún, cuando las hemos sufrido—, lo limitadas que resultan estas medidas. Atender estos dolores implica saber de cuidado, de escucha y del sujeto. En este sentido, los Centros de Salud Mental (CSMs) fueron acertadamente diseñados para atender los problemas mentales de las personas en toda su complejidad, teniendo en cuenta su esencia subjetiva y su enraizamiento social. Su articulación con la red de recursos comunitarios, la cercanía de los hogares y un equipo interdisciplinar permanente, al igual que la Atención Primaria, permitirían integrar las diversas aristas del sufrimiento humano. Ayudar a pensar, analizar y poder responder a los malestares devenidos de circunstancias difíciles, coordinar y facilitar recursos para mejorar condiciones de vida precarias, así como acompañar la fragilidad y la confusión de algunas existencias más vulnerables, necesita de un espacio y un tiempo para tejer un vínculo, para formar una red de apoyo. Necesita de un tiempo para el sujeto y su historia, un tiempo de escucha y relación. Y esto —nuestra herramienta terapéutica fundamental— es lo que nos están robando de forma progresiva en pos de la eficiencia y de la productividad. Nos han cambiado la escucha por la medición, la terapéutica por la resolución, la palabra por el neurotransmisor. En este momento nuestros CSMs apuntan a convertirse en salas de despiece, donde las personas que sufren de algún problema psíquico serán desmontadas en sus distintos componentes en busca de la avería. Se pesarán y tallarán sus autoestimas, apegos, energías, tolerancias a la frustración…, para ver por dónde encarar la reparación. Homúnculos mecánicos, muñecas rotas, bamboleadas entre terapias y drogas, a los que se promete una vida sin dolor, una pobreza que no entristece, una ciencia que todo lo cura. ¿Es eso lo que queremos para nuestro sistema de salud público? ¿Tener un tiempo para interrogar el síntoma es solo un derecho de ricos?
Desde la Asociación Madrileña de Salud Mental (AMSM) nos queremos acercar al sufrimiento psíquico a través de la literatura, por ello seguimos con encuentros literarios trimestrales donde debatimos alrededor de obras. Un debate abierto, donde todas las miradas son válidas.
El próximo 18 de marzo de 2026 a las 18:30 h, tendrá lugar el próximo encuentro literario. En esta ocasión debatiremos sobre el libro “El aniversario” de Andrea Bajani. El encuentro literario será en el Ateneo La Maliciosa, de la calle Peñuelas nº12, Madrid. La entrada es libre hasta completar aforo.
Para la lectura previa puedes conseguir la obra en comercio local y de proximidad, o mediante préstamo en bibliotecas comunitarias públicas o municipales del distrito.
Animamos a la participación tanto en el próximo encuentro como en la propuesta de libros que consideréis interesantes para este espacio, así como agradecemos la difusión de dicha actividad.