Hemos leído: Locura de la Psiquiatría

Locura de la Psiquiatría

Apuntes para una crítica de la Psiquiatría y la “salud mental”

Alberto Fernández Liria

Desclée de Brouwer. Bilbao, 2018. 173 páginas

Para muchos profesionales de la salud mental, la mayor afrenta que se le podría hacer a la Psiquiatría es desconsiderarla como una ciencia y, por tanto, de que carece de una historia interna que dé cuenta de un desarrollo progresivo. No se trata de una crítica gratuita sino de una perspectiva que nos permite entender mucho mejor el devenir de esta disciplina desde sus inicios en el siglo XIX hasta la actualidad. Esta aproximación nos revela el trasfondo de algunas de nuestras prácticas que llevamos a cabo ingenuamente y que forman parte de una función social trascendental y, en ocasiones, deletérea para la salud de los ciudadanos.Resultado de imagen de locura de la psiquiatria libro

Alberto Fernández Liria es un psiquiatra cuya trayectoria profesional ha estado marcada por el compromiso con el inicio y el desarrollo de la reforma comunitaria de la salud mental en Madrid desde cargos de responsabilidad institucional. Paralelamente, en su interés por la psicoterapia y su desarrollo en la práctica pública, ha sido investigador y profesor en este campo donde dirige el Máster de Psicoterapia, perspectiva integradora de la Universidad Alcalá de Henares. Fruto de este compromiso con la asistencia pública en salud mental, también han sido sus colaboraciones en la implantación de programas de atención en países en conflicto bélico y en desarrollo y su vinculación con la Asociación Española de Neuropsiquiatría y de la que fue presidente. Este resumidísimo recorrido profesional nos ayuda a ubicar en cierta medida la mirada del autor, una mirada que no se acomoda en especular sobre lo explícito y lo evidente, sino que indaga más allá con el propósito de buscar alternativas y comprometerse en intentar transformar y mejorar la atención a las personas con sufrimiento psíquico.

La propuesta que nos hace Fernández Liria es que la Psiquiatría no es una ciencia porque el objeto de la ciencia es producir conocimiento y el de la Psiquiatría es producir un bien social. Por ello, entra dentro del orden de la tecnología y, como tal, está al servicio de lo que la sociedad le demande. El devenir histórico de la Psiquiatría está condicionado, por tanto, por los encargos que le ha ido haciendo el poder social y que el autor detalla en cuatro momentos históricos.

El primer encargo de la sociedad marca el nacimiento de la Psiquiatría como tecnología y su desarrollo a lo largo del siglo XIX. La petición que se realiza es que justifique y gestione un espacio de exclusión, el asilo, que se había creado varios siglos antes para aquellas personas que tenían comportamientos que entorpecían la convivencia en las ciudades pero, por no parecer libres, no se prestaban a ser regulados por el aparato de la justicia.

El segundo encargo que se suma al anterior se sitúa a finales del siglo XIX cuando el desarrollo industrial requiere mano de obra cualificada y los trabajadores han de estar disponibles en su puesto laboral. Desde entonces, la Psiquiatría se responsabiliza de tratar lo que se denominaron trastornos neuróticos para mantener a los trabajadores en los sistemas de producción e, incluso, a través de la rehabilitación, se pone en marcha un procedimiento tecnológico que busca la incorporación laboral de los trastornos mentales graves.

A finales del siglo XX, cuando se produce la crisis del petróleo y se colapsa el modelo keynesiano de crecimiento capitalista se produce el tercer encargo: contribuir a la expansión del mercado para seguir produciendo un beneficio creciente. El pedido es destruir los medios que satisfacen necesidades que no sirven para realizar beneficios y poner en juego nuevas mercancías que los sustituyan. El malestar y el sufrimiento cotidianos que siempre se ha afrontado con el concurso de las redes tradicionales de contención, ya sean de carácter vecinal, religioso, familiar o sindical y a través de rituales y otros mecanismos más o menos colectivos se convierten en una enfermedad. La Psiquiatría transforma ese malestar en una condición que precisa de tratamiento por “expertos” y mediante diversas mercancías (psicofármacos, psicoterapias, mindfulness, coaching…) que han propiciado una expansión del capitalismo en este terreno.

El cuarto encargo es muy reciente y está determinado por la desregularización de los sistemas de protección y equidad social como la educación, los servicios sociales o los sanitarios. Con la progresiva desaparición del Estado como garante, el sujeto se vuelve en el único responsable de su destino, en un empresario de sí mismo y de su salud, ajeno a cualquier determinante social. La Psiquiatría participa de esta dinámica en la medida que puede justificar la desprotección en nombre de la autonomía, la responsabilidad individual y la libertad frente a la injerencia del Estado. La disolución de una psiquiatría pública en un sistema sanitario privado donde cada individuo intenta resolver de forma independiente su sufrimiento psíquico acaba con la posibilidad de un planteamiento de salud pública y colectivo de los problemas mentales.

Con todo este análisis, Fernández Liria nos abre la puerta a pensar la Psiquiatría en el contexto histórico y social que la determina. Trasciende la reflexión egocéntrica que se realiza habitualmente de la disciplina para analizarla en su relación con la sociedad a la que sirve en cada momento de la Historia. Las teorías en las que se ha basado la Psiquiatría a lo largo de los dos últimos siglos no se corresponden con un “desarrollo científico” sino que son fruto de la justificación de las prácticas que responden a los sucesivos encargos sociales. El cumplimiento de estos encargos explica los cambios en las tecnologías y prácticas psiquiátricas que no pueden entenderse del todo por sí mismas: desde la desinstitucionalización hasta la rehabilitación laboral, el arrinconamiento de la fenomenología y el psicoanálisis en favor del DSM, el cambio en la forma de empleo de los psicofármacos desde su aparición hasta la actualidad, la apropiación de conceptos como la recuperación y la autonomía del paciente por los sectores neoliberales… Estas  modificaciones no son propias del desarrollo progresivo de una ciencia sino de la adaptación de una tecnología a los requerimientos de la sociedad en la que se encuentra.

Este análisis pone de manifiesto las contradicciones de los encargos sociales, el desarrollo de prácticas que resultan perjudiciales para las personas con sufrimiento psíquico y el conjunto de la población, y nos permite pensar mejor en cómo afrontar este sinsentido. La última parte del libro contiene la parte propositiva en la que el autor nos invita a ejercer la psiquiatría desde una posición crítica que contribuya a un proceso de liberación. Apunta a respuestas concretas a cada uno de los encargos acumulados por la Psiquiatría para que la práctica clínica sea crítica en la acción. Así que este libro se convierte en otra arma de resistencia para profesionales de la salud mental, personas diagnosticadas y para cualquier colectivo que quiera pensar más allá de la asistencia psiquiátrica miope y arrogante, tan generalizada en nuestros tiempos.

Alberto Ortiz Lobo

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