Introducción
Comenzamos 2021 envueltos en la mayor crisis sanitaria de la historia reciente. La pandemia producida por el virus del SARS-CoV-2 ha sacado a la luz la precariedad y escasez de los sistemas de cuidados, de los servicios públicos y nos ha puesto delante (si queremos verlo) la interdependencia de todos los aspectos de la vida sobre el planeta y la certeza de que sólo es posible salir adelante atendiendo a los múltiples desafíos que se plantean (sanitarios, sí; pero también sociales, económicos, ecológicos…). Nos ha mostrado también que las redes de apoyo, en ocasiones, son capaces de llegar allá donde las instituciones han hecho dejación de sus funciones, que gracias a ellas ha sido posible en muchos casos tener alimento, compañía, calor… La vulnerabilidad, esa palabra que hace alusión a la posibilidad de ser herido, nos ha mostrado la fragilidad en la que vivimos… y también que esa fragilidad no es igual para todos: no todas las casas son iguales, no todos los confinamientos son posibles, no todas las voces se escuchan con el mismo interés, no todos estamos expuestos a la misma violencia ni a la misma vulneración de derechos; no todos tenemos luz.
Una crisis sanitaria de estas características desbordaría (y ha desbordado) cualquier sistema sanitario y sociosanitario. Desde aquí, nuestro reconocimiento a todos los/las profesionales que han tenido que encontrar soluciones a una situación harto complicada, tanto quienes han estado en primera línea frente a la enfermedad como quienes, desde los despachos, han buscado la mejor forma de organizar los pocos recursos disponibles.
Ahora sabemos que no estamos en un escenario postcrisis, sino que la crisis sanitaria avanza por oleadas, que el malestar psíquico no ha dejado de crecer y no tiene una relación causal unívoca. Por eso planteamos una oportunidad para reflexionar sobre la interconexión de los elementos que acaban resultando en malestar psíquico para poder abordarlos, mejorando las redes de cuidado, los servicios públicos; reduciendo la desigualdad, potenciando las redes naturales de solidaridad…
El revulsivo que están suponiendo la pandemia y sus múltiples crisis asociadas (sanitaria, social, económica, de sistemas de cuidados) podría suponer también una oportunidad de oro para enfrentarnos a carencias estructurales graves de nuestros sistemas de protección, incluido el sistema sanitario y, dentro de este, la atención a la salud mental. Proponemos revisar la situación de partida previa a la pandemia, en su contexto, la atención a la pérdida de la salud mental durante la misma y el Plan de Respuesta Asistencial Prioritaria en Salud Mental en la postcrisis por COVID19 de la Comunidad de Madrid. Necesitamos construir colectivamente un quehacer que no pierda de vista los derechos y la calidad de la asistencia en salud mental comunitaria. Desde la Asociación Madrileña de Salud Mental creemos que todavía queda mucho camino por recorrer en lo relativo a la pandemia y en él necesitamos una mirada integradora y una actitud flexible y reflexiva que haga que no asumamos las pérdidas como inevitables y podamos contribuir a corregir un sistema que enferma.
Esta es la intención y la propuesta.
El sustrato
Las epidemias acontecen sobre un sustrato y sobre realidades materiales que condicionan y modulan sus daños; en palabras de David Harvey “Los virus mutan todo el tiempo. Pero las circunstancias en las que una mutación se convierte en un problema mortal dependen de las acciones humanas” (Harvey, 2020). En esta misma línea, Padilla y Gullón (2020) nos invitan a entender la pandemia no como fenómeno fortuito que nos azota como si de una plaga divina se tratase, sino como un fenómeno social cuyas raíces están en la propia estructura de nuestras sociedades y las desigualdades que operan en ella. Entender el sustrato, por tanto, es entender la situación de partida de determinadas poblaciones y su potencial vulnerabilidad (la pobreza, el hacinamiento, la precariedad, el acceso desigual a los sistemas de atención; los modelos de cuidados de los mayores,…); y los distintos daños que pueden sufrir fruto de la pandemia, tanto a nivel de daños directos causados por la infección y las medidas para contenerla (secuelas de la enfermedad, hospitalización, aislamiento, duelos, etc.) como a nivel de daños indirectos fruto de la crisis económica, social, educativa y de cuidados sobrevenidos de la misma. Continue reading →