GRUPO DE MUJERES: EXPERIENCIA DESDE LA TERAPIA OCUPACIONAL EN UN CSM. Boletín N45 Primavera 2019

Lorena Rodríguez Vázquez

 

En el presente artículo se trata de exponer la experiencia del trabajo grupal de tres años que se realiza desde Terapia Ocupacional en el Centro de Salud Mental de Alcobendas, con mujeres que sufren malestar psíquico.

Desde la perspectiva que el sufrimiento psíquico viene mediado por procesos interpersonales e interaccionales, el grupo ofrece una posibilidad y un espacio para el trabajo terapéutico, donde la clave de la recuperación no es la reducción de los síntomas, sino que el funcionamiento global de la persona mejore.

 

La Terapia Ocupacional en el CSM

A los grupos de Terapia Ocupacional asisten personas derivadas por nuestros compañeros y compañeras con diferentes edades (desde adolescentes a mayores), historias, ritmos psíquicos y funcionamiento en las diferentes áreas ocupacionales. Los diversos programas e intervenciones que se realizan desde nuestro recurso van en función de su malestar, necesidades y edades, con el objetivo de lograr una intervención lo más personalizada e individualizada posible.

Nuestro trabajo se centra en aquellas personas que en algún momento vital y por sus circunstancias han sufrido una ruptura con su identidad, roles y actividades significativas. Así, volver a la red de recursos normalizados, al trabajo, al contacto interpersonal y a su vida cotidiana se hace complicado.

Entendemos que nuestras funciones como terapeutas ocupacionales pasan por:

  • Acompañar en el proceso de recuperación de su identidad social, basándonos en una visión recuperadora de las posibilidades de cada persona y el empoderamiento del valor y la fuerza para evitar la cronicidad. En otras palabras, se trata de acompañar en el sufrimiento y transitar hacia una vida donde el malestar sea menor y sean responsables de su propio destino. Para ello nos valemos de las actividades y la concepción del ser humano como un ser ocupacional.
  • Facilitar una narrativa desde las capacidades y la vivencia personal: Infundir esperanza y confianza generando un sistema de apoyo que ayude a mejorar la seguridad en una misma. De ahí la importancia de la relación, que es lo que ofrece el contacto grupal, como un concepto dinámico y no estático.

Intentamos tener en mente el ideal de trabajar desde la interacción verbal, el cuerpo y la acción. La intervención es en y con el grupo por varias razones que responden a cuestiones prácticas e ideológicas de las dos profesionales que los conducimos.

Desde lo ideológico, el trabajo grupal es una filosofía y una manera de entender nuestra labor diaria partiendo de la consideración que enfermamos en grupo y sanamos en grupo. En palabras de Pablosky y Kersselman (2006) lo grupal supone el encuentro entre las subjetividades de las personas que asisten al mismo.

A nivel teórico y como terapeutas ocupacionales, nos basamos en el Modelo de Ocupación Humana (MOHO) de Kielhofner (1980) fundamentado en la visión de la persona como un sistema abierto, dinámico y en constante reorganización compuesto de:

  • Ambiente (físico, social y cultural)
  • Estímulo procedente del ambiente (personas, objetos, eventos)
  • El sistema interno de la persona compuesto por:
          • Volición (causalidad personal, valores e intereses)
          • Habituación (hábitos y roles)
          • Ejecución (capacidades y habilidades)

Nuestra intervención se centra en la persona, la ocupación y la evidencia. Las actividades de la vida diaria (básicas e instrumentales) y lo cotidiano es lo que nos proporciona nuestra identidad profesional a las terapeutas ocupacionales del CSM.

Y para el trabajo en grupo, nos apoyamos en los Factores Terapéuticos de Yalom (1975) definidos como los ingredientes grupales (sean grupos psicoterapéuticos o no) y que tienen un efecto terapéutico como instrumentos de cambio: infundir esperanza, universalidad, información participada, altruismo, recapitulación colectiva correctiva del grupo familiar primario, desarrollo de técnicas de socialización, conducta imitativa, catarsis, factores existenciales, cohesión de grupo y aprendizaje.

 

El Grupo de Mujeres de Terapia Ocupacional

Se trata de un grupo dirigido a mujeres de entre 35 y 65 años aproximadamente. El criterio diagnóstico de derivación son trastornos del humor relacionados con la ansiedad y la depresión.

Según el Plan Estratégico de Salud Mental de la Comunidad de Madrid 2018-2020, el 9% de la población española padece en la actualidad una enfermedad mental (ONU-Región Europea, 2005; Ministerio de Sanidad, 2007). Los trastornos que aparecen con mayor frecuencia a lo largo de la vida son los depresivos (26%), seguidos por los de ansiedad (17%).

También se trata de una categoría diagnóstica que genera una fuente de frustración en la intervención en los profesionales, debido a que, según Gabilondo, Artazade la Rica y Retolaza (2012) tiene una evolución hacia la cronicidad en un 40 % de los casos.

En cuanto a su perfil ocupacional, nos solemos encontrar que las mujeres derivadas al grupo suelen presentar:

  • Deprivación ocupacional: no se cubren las necesidades personales de salud por falta de equilibrio en las diversas áreas de ocupación, debido a factores circunstanciales como la división social del trabajo o los valores culturales.
  • Alienación ocupacional: la ocupación principal se haya carente de significado y es fuente de insatisfacción, provocando sensación de falta de identidad y sentimientos de extrañeza y vacío. Se relaciona con las estructuras y expectativas sociales.
  • Desequilibrio ocupacional: dificultad para adquirir, usar o disfrutar de las ocupaciones debido a las circunstancias personales, asociado con la organización de la vida y rutinas sociales.

El hilo conductor de casi todas las asistentes al grupo es la experiencia dolorosa. Muchas de ellas sufren pluripatologías a nivel osteo-articular, reumáticas, y en general, mucho dolor físico de causa idiopática. El dolor que manifiestan las mujeres que asisten al grupo es de tipo crónico, carente de una función protectora y que constituye una enfermedad en sí misma.

Cada persona aprendemos el significado de la palabra dolor a través de la experiencia personal y nuestras experiencias traumáticas. Según la Asociación Internacional para el Estudio del Dolor (Internacional Association for the Study of Pain- IASP) el dolor se define como experiencia sensorial y emocional desagradable relacionada con daño potencial o real del tejido, o descrito en términos de tal daño.

Desde la experiencia somato-psíquica, existen una variedad de factores diversos que pueden causar o agravar el dolor (emociones, ambiente, experiencias previas). Las influencias culturales, familiares y espirituales son otros factores importantes, sobre todo cuando el dolor tiene una causa poco clara. A esto se le añade que los comportamientos dolorosos pueden ser castigados, ignorados o recompensados por el entorno. Cuando existe una experiencia corporal dolorosa, la persona entra en un ciclo de dolor desadaptativo que conlleva el abandono de actividades, una disminución de la autonomía personal, impacto en el desarrollo de sus roles vitales y de su propia imagen, que incrementan en muchos casos dicha experiencia.

Es por ello que se hace necesario un espacio propio donde se potencien y generen sentimientos de responsabilidad sobre su propio bienestar y una red de apoyo y cuidado mutuo. Además, mediante la participación en una actividad propositiva es posible estimular los mecanismos fisiológicos asociados con la reducción la experiencia dolorosa.

  • Características grupales

Atendiendo a la clasificación de tipos de grupos de Vivas, P; Rojas, J. Torras (2009), se trata de un grupo:

  • De larga duración: superior al año de trabajo
  • Mixto en cuanto a la patología: formado por mujeres con diversos malestares.
  • Tamaño medio: hasta 12 personas
  • Estructura abierta: las mujeres son derivadas de forma ininterrumpida

Esta última característica influye de forma notable en la creación de un ambiente y matriz  grupal, pero nos adaptamos a la realidad que tenemos, ya que viene dada por el sistema institucional jerarquizado y con recursos limitados, en el que desarrollamos nuestra labor profesional. No podemos prever el número de mujeres que podrán incorporarse al grupo a lo largo de su duración (10 meses al año aproximadamente) aunque sí un máximo, garantizando así la calidad de la actividad asistencial.

La condición de grupo abierto también genera en ocasiones que algunas participantes dejan de acudir por cumplimiento de objetivos o bien por bajas debidas a diversos motivos, con el consecuente impacto grupal que esto genera. En ocasiones, se hace difícil cuidar las despedidas como nos gustaría (sobre todo cuando sucede de forma sorpresiva) y se hace imposible dar un cierre a su presencia de una forma que consideramos más madura. En la mayoría de los casos, cuando alguien decide no acudir más, simplemente desaparece.

Pensamos que puede tratarse de una estrategia de afrontamiento ya muy establecido que responde a evitar una nueva pérdida o que podría estar relacionado con la dificultad de crear una adecuada matriz grupal. Este hecho influye en el compromiso grupal y en manejar las ansiedades que se despiertan al participar en este tipo de grupos. Aunque debo señalar que estas situaciones propician a su vez trabajar duelos y despedidas que se dan en la vida cotidiana.

El encuadre es de una sesión quincenal con una duración de hora y 30 minutos.

Los objetivos planteados para este grupo son los siguientes:

  • Mejorar y desarrollar la capacidad de reflexión y autoconocimiento
  • Mejorar la Escucha propia y del otro
  • Refuerzo de conductas en áreas relacionales
  • Participación en el medio comunitario
  • Mantenimiento y desarrollo de las Actividades de la Vida Diaria Instrumentales (AVDI)

 

  • Derivación y acogida

Cuando son derivadas al Grupo de Mujeres suelen acudir con poca información sobre qué hace una terapeuta ocupacional y en qué consiste el grupo. Intentamos paliar esta dificultad en la entrevista donde se resuelven las dudas existentes, y se exploran rutinas, intereses, hábitos, roles y actividades significativas para conocer el impacto que tiene la enfermedad en su vida. Cuidamos mucho este momento y el proceso de inicio grupal para que este sea lo más motivador posible. Ponemos en valor lo difícil que es acudir y dar hueco a un grupo donde las sesiones a veces no son fáciles.

Consideramos que la herramienta más potente para enganchar es la propia vivencia, y que sean ellas mismas, desde su espontaneidad, las que expliquen a las nuevas incorporaciones en qué consiste participar en un grupo de estas características.

Desde la creencia que la rigidez y la resistencia se combaten con flexibilidad y alianza, si la persona lo demanda por sus propias dificultades, se realiza la intervención individualizada, más allá de la primera entrevista, que sirve para ir trabajando la vinculación con el equipo profesional.

También en ocasiones, se introducen en otros grupos que realizamos y que intenten recoger sus necesidades y demandas a modo de preparación para entrar a posteriori en el Grupo de Mujeres (como por ejemplo el grupo de estimulación cognitiva o el grupo de musicoterapia). Desde nuestra perspectiva como terapeutas ocupacionales, los intereses por unas u otras actividades y las necesidades percibidas son factores que propiciarán que la persona vaya encontrándose mejor de alguna manera.

 

  • Metodología

Las sesiones en el Grupo de Mujeres están organizadas en sesiones que alternan técnicas psicodramáticas y expresivas con otras meramente verbales, donde las participantes puedan comunicarse de forma libre y espontánea, trabajando con el emergente grupal. Desde nuestro criterio profesional se hace necesario ir más allá del síntoma y de trabajar de una forma lo menos dirigida posible. Al fin y al cabo, el mundo interno afectivo y emocional tiene en el cuerpo y la acción un espejo, y éste es medio por el cual sentimos y organizamos nuestra vida.

Por esta razón, las sesiones con actividades corporales, juegos y dinámicas, técnicas plásticas o la música permiten dar voz a aquello largamente silenciado y que está latente. Ir más allá de la palabra posibilita el propio entendimiento de las dificultades de cada una, construyendo una identidad personal y social positiva. Así, favorece la expresión emocional y romper con ciertas resistencias y hábitos grupales ya creados, generando cambios en la dinámica grupal y apertura en cuanto a una mayor estructuración interna y grupal.

Desde la puesta en marcha de este grupo, han surgido una serie de temas comunes en las diferentes sesiones: las relaciones de amor y de poder, duelos, escenas temidas de cada una de ellas o la propia identidad y el rol de enferma entre otros.

Tradicionalmente, las mujeres sufren la propia frustración y exigencia de no cumplir con aquellas expectativas con la familia/pareja, la carrera profesional o la educación.  La sobrecarga en el hogar, la falta de reconocimiento social del cuidado de los otros y del hogar o una sexualidad escondida y pasiva, son malestares propios de estas exigencias. Esto acarrea somatizaciones, fibromialgia, ansiedad y trastornos anímicos como manifestación de un dolor subjetivo, que hace necesario trabajarlo en un espacio específico.

Durante estos tres años, ha sido recurrente la aparición de temas relacionados con los mandatos propios del género. Mandatos que tienen su origen en la conserva cultural de la sociedad patriarcal imperante: infancia como niñas obedientes donde sus tareas debían ser de cuidado al otro, y donde emociones como la ira, la agresión o la ambición fueron y siguen siendo mal vistas, generando culpa, represión y vergüenza.

Lo interesante desde una perspectiva vincular y afectiva es la relación que se establece en una matriz grupal. Los cambios relacionales traen consigo una mejoría sintomática y ocupacional. Así, en el Grupo de Mujeres se intenta ir más allá de las infancias marcadas por la carencia, apegos inseguros, o de un perfil psicopatológico o criterio diagnóstico de personalidad conflictiva desde una perspectiva de género y trabajados a través de diversas actividades y técnicas.

 

La intervención desde el modelo psicodramático y las técnicas de expresión artística

Partimos de la premisa de que todo el mundo tiene la capacidad de jugar, de hacer un como si y ser espontánea más allá de la palabra o del nivel académico o cultural. En palabras de Motta (2005) el juego es una forma estética, organizada y libre, de participación de los seres humanos que abre nuevas posibilidades aprendizaje de la vida.

Permite, por tanto, poder entrar a explorar nuevas formas de ser, de estar y de relacionarse, de creación y recreación de situaciones, roles y escenas que pueden ser reconceptualizados de otra forma.

Trabajar desde un modelo psicodramático y con actividades de tipo expresivo permite además,  sortear el problema que genera el nivel de instrucción, que en algunos casos es muy básico y que produce sentimientos de vergüenza y culpa.

La elección de técnicas es cuidadosamente elegida y previamente vivenciada por las profesionales. Es fundamental elegir el momento grupal propicio de introducirlas para que sean generadoras de pequeños cambios, donde prime la autenticidad y acción terapéutica. Debido a esto, el principio regidor a la hora de elegir la técnica a utilizar es la simplicidad y el cuidado de no precipitar un cierre de aquel conflicto abierto desde hace tanto tiempo por mero narcisismo profesional.

En las sesiones que hemos desarrollado hasta el momento, el caldeamiento es una parte fundamental para derribar las resistencias, dejar paso a la espontaneidad y a las sensaciones corporales del aquí y ahora.

El trabajo corporal y las actividades expresivas a través de medios plásticos y artísticos, en un grupo donde el cuerpo se ha convertido en la mayoría de los casos en un reflejo de su malestar y sufrimiento, supone un vehículo que coloca en la superficie aquello latente, escondido y olvidado.

 

BIBLIOGRAFÍA

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