Salvar la normalidad (y la psiquiatría biomédica)

¿Somos todos enfermos mentales?
Allen Frances
Editorial Ariel, 2014 363 páginas

La publicación de este libro y su gran difusión es una excelente noticia. Que en el panorama actual haya un psiquiatra con tanto poder mediático que realice una crítica a una psiquiatrización y psicologización de la vida que convierte a los ciudadanos en consumidores de psicofármacos y psicoterapia, es inédito.

ImprimirAllen Frances cuestiona en su libro la inflación diagnóstica, cómo aparecen más trastornos nuevos y cómo los actuales se expanden cada vez más. Centra sus críticas en el nuevo DSM-5, pero también apunta a la industria farmacéutica como primera beneficiada de este crecimiento desaforado de la psiquiatría. Todo ello lo cuenta Frances en un estilo claro y didáctico que favorece su aproximación a cualquier público que se quiera iniciar en este asunto controvertido. Un asunto que provoca una mayor representación social entre los profesionales, unas ganancias multimillonarias a las compañías del sector y unos perjuicios atroces a la ciudadanía en forma de estigma, daños psíquicos y somáticos y muertes, entre otros.

Los objetivos que se propone Allen Frances en su libro son dos: “salvar la normalidad” y “salvar la psiquiatría”. El alegato que realiza para conseguir el primero es bueno. Frances hace una análisis de la situación y de los agentes que participan en la expansión de la psiquiatría y las graves consecuencias que está teniendo. Probablemente, lo más sobresaliente de esta exposición no sean los contenidos (que muchos ya resultan bien conocidos) sino el hecho de que los realice él mismo. Allen Frances es una figura destacada de la psiquiatría americana, participó en la elaboración del DSM-III y el DSM-III-R y fue el jefe responsable de la edición del DSM-IV y conoce perfectamente cómo funciona la American Psychiatric Association (APA). Todo ello le confiere una mayor autoridad en la crítica a la psiquiatría americana en general y al DSM-5 en particular. Por otra parte, el ser una figura tan reconocida y emplear un estilo moderado y divulgativo, le convierten en el autor ideal para realizar un “manifiesto contra los abusos de la Psiquiatría”, en la medida en que puede alcanzar una mayor repercusión en los medios de comunicación. Además de las críticas a la inflación diagnóstica, Allen Frances dedica un pequeño espacio a las propuestas políticas y organizativas para controlarla, que conciernen a la industria farmacéutica, los médicos y la elaboración y uso del DSM. Apela a que las asociaciones de profesionales dejen de ser cómplices de los excesos diagnósticos y el abuso masivo de psicofármacos y hace un llamamiento a que las asociaciones de usuarios también rompan sus vínculos con la industria farmacéutica y no amplíen artificiosamente el número de afectados para disminuir la lacra social de la enfermedad (como ha sucedido con el autismo en los EE. UU.). Finalmente, confía en que la prensa contrarreste las fuerzas del mercado y defienda a los ciudadanos de la inflación diagnóstica y el exceso de tratamientos.

El segundo objetivo que explicita en su libro es “salvar la Psiquiatría”. Se trata de una loable ambición pero, ¿qué psiquiatría quiere salvar? Allen Frances critica levemente el DSM-III por su limitada fiabilidad, porque era demasiado inclusivo y fue excesivamente aceptado. Además, asume que el manual encaja perfectamente con un modelo biomédico (y no pretendidamente “ateórico”) que buscaba alejarse de los modelos psicoanalíticos y social que imperaban en los años 70 del pasado siglo. De igual manera, cuestiona el DSM-III-R y lo califica de error apresurado porque incluye cambios basados en opiniones de expertos y no en los avances de la investigación. Sin embargo, el DSM-IV que él dirigió lo considera bien resuelto metodológicamente y que resistió los intentos de que se creciera desmesuradamente. Entiende que la expansión del TDAH, el autismo, el trastorno bipolar infantil, el trastorno bipolar tipo II, el trastorno por estrés postraumático o la depresión no es culpa del DSM-IV en si mismo, sino del mal uso que se hizo de él. Ahora, sorprendentemente, sí que considera que en la expansión de los diagnósticos psiquiátricos el DSM-5 juega un papel protagonista.

Más allá de su análisis personal de los sucesivos DSM, a lo largo de todo el texto se pone de manifiesto la defensa de un modelo de psiquiatría basado en el diagnóstico categorial y la concepción sustantiva de la enfermedad mental como un problema cerebral (aunque entiende que faltarán muchos, muchos años hasta que la investigación neurocientífica aporte descubrimientos que sean relevantes para la clínica). Es importante conocer este posicionamiento en tiempos donde también están surgiendo en la propia psiquiatría otros movimientos que sí que cuestionan el modelo actual de entender los problemas mentales, que plantean un mayor protagonismo de los usuarios en todos los ámbitos y que ponen en tela de juicio las etiquetas diagnósticas. De modo que el libro de Allen Frances no es, de ninguna manera, el buque insignia de una nueva psiquiatría crítica que busque replantearse sus fundamentos o la concepción de los problemas mentales, sino un excelente cuestionamiento a la psiquiatría oficial biomédica para que continúe siendo ella misma, pero más sensata y dentro de sus límites, y evitar así que muera de éxito.

Alberto Ortiz Lobo

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