COVID-19 y RESPUESTA DE LA RED DE SALUD MENTAL EN MADRID.

Ante la aparición del COVID-19, su propagación y repercusiones sanitarias cada país ha respondido con lo que tenía más a mano tanto en recursos materiales como en valores: China con mascarillas y control informático, Corea con pruebas diagnósticas, es uno de los grandes productores mundiales de reactivos, y disciplina. En Madrid no hemos sido diferentes: el modelo hospitalario y sus valores se ha impuesto sin paliativos en la respuesta detrayendo todos los recursos necesarios al resto de la red asistencial. Y la Red de Salud Mental ha seguido sus pasos como un zombi. Las Gerencias mandan.

La psiquiatría hospitalaria, como el resto de las especialidades, han cerrado sus consultas externas, primero, y luego han puesto sus camas a disposición de la atención al COVID, en pocos días desde el comienzo, todas las unidades hospitalarias, incluida psiquiatría pasaron a ser unidades COVID. Sus profesionales se han puesto en situación de espera para poder reemplazar a los especialistas de Medicina Interna, Neumología o Geriatría en la atención al COVID, realizando funciones de apoyo, acompañamiento o administrativas mientras tanto, o han ofrecido programas de atención psicológica diversa (relajación, mindfulness, etc.) a los profesionales implicados en la atención directa al COVID.

El desalojo de la UHBs fue relativamente sencillo en los hospitales donde primero empezó la infección y fue colapsando el hospital: La Paz, Príncipe de Asturias, Torrejón y el Hospital de Vallecas: La Paz trasladó sus pacientes al Rodríguez Lafora, El Príncipe de Asturias a Nuestra Señora de La Paz y el de Vallecas dejó de ingresar, derivando las necesidades de ingreso al Gregorio Marañón, y trasladando las dos últimas personas ingresadas al hospital de Leganés. A medida que fueron pasando los días se fueron cerrando otras Unidades de Hospitalización (Mitad de adultos y Unidad de Adolescentes del Gregorio Marañón, Clínico, Sureste, La Princesa, Ramón y Cajal, Getafe, Infanta Cristina, Doce de Octubre, Fuenlabrada) y se estableció un plan de contingencia con una redistribución de la cobertura de las necesidades de ingreso.  Los criterios de ingreso se hicieron muy restrictivos y se interrumpieron los ingresos en la UHTR al no poder hacerse los ingresos programados previos en las unidades psiquiátricas. Las Unidades aún abiertas tienen los mismos planes. Y el 26 de marzo, el Director General del Proceso Integrado de Salud emitía una circular a todas la Gerencias hospitalarias para paralizar la conversión de las Unidades de hospitalización psiquiátrica en Unidades COVID, “tras haber tenido que reducir en más de un cincuenta por ciento las camas, para poder dar atención a la demanda de camas que la pandemia SARS-COV-2 está requiriendo en todos los hospitales”. Reconociendo que “No es posible seguir reduciendo el aforo de camas con esta especificidad, por motivos derivados de la especial vulnerabilidad que estos pacientes presentan y por las adaptaciones de seguridad que estas unidades requieren”. Y se especificaba las unidades de hospitalización psiquiátrica  de los hospitales generales que debían seguir funcionantes y prestando esta modalidad de atención imprescindible: Hospital General Universitario Gregorio Marañón, Hospital Universitario Niño Jesús, Hospital Universitario del Henares (aforo parcial),  Hospital Universitario Puerta de Hierro,  Hospital Universitario Fundación Alcorcón,  Hospital Universitario de Móstoles,  Hospital Universitario Rey Juan Carlos,  Hospital Severo Ochoa y  Hospital Central de la Defensa “Gómez Ulla”.

A los Centros de Salud Mental se les ha manejado con el mismo criterio que a las consultas externas de los hospitales. El Director General de Coordinación Sociosanitaria emitió una circular a los gerentes informándoles de que podían disponer de los profesionales de Trabajo Social de los Centros de Salud Mental para reforzar las Urgencias hospitalarias. Profesionales de enfermería de algunos CSMs fueron desplazados al hospital para reforzar la atención al COVID. Y el resto de los profesionales también se pusieron en espera. De sus funciones asistenciales y de salud pública dimitieron de las primeras y se plantearon como primer objetivo “no contagiar y que no nos contagien”, cerrar consultas y protegerse por si tenemos que hacer el recambio. Todo esto, con todos los dispositivos de rehabilitación cerrados, las urgencias de los hospitales cerradas para todo aquello que no fuese COVID y los internamientos en máxima restricción.

Y la red de Rehabilitación, siguiendo la estela del resto de los Servicios Sociales, y con excepción de las Minirresidencias, se ha replegado y colocado en modo “auxiliar”, no como el recurso básico, fundamental y sanitario que es y debe ser para el manejo del Trastorno Mental Grave. Tiene mucha población de riesgo, es cierto, pero podía haber cubierto esos riesgos sin cerrar. Si el cierre era hasta el cuatro de abril esperemos que no se prorrogue.

Estamos a punto de doblar la curva y la Red de Salud Mental aún puede recuperar su sitio, la Red de rehabilitación reasumir funciones y los Centros de Salud Mental hacer lo que mejor saben hacer y es prioritario hacer, ahora más que nunca: reforzar y flexibilizar su oferta asistencial (presencial, de urgencias, telefónica, intervención domiciliaria, apoyo a las minirresidencias). Ah, y estar tristes. Lo que está pasando es una tragedia y nos debemos permitir la tristeza y también prescribirla como remedio.

 

Socio de la AMSM.

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