Hemos leído: Hacia una psiquiatría crítica

[Artículo incluido en el boletín nº 36 de la AMSM]

HEMOS LEÍDO…

 HACIA UNA PSIQUIATRÍA CRÍTICA

Alberto Ortiz Lobo

Editorial Grupo 5, 2013

(Por Pablo Molina González)

“El objetivo de este libro es replantearnos nuestra práctica psiquiátrica de forma crítica para poder concebir y responder a los problemas mentales de una manera más juiciosa, tomando más conciencia, tanto del daño implícito en los valores asociados a nuestra intervenciones , como de las intervenciones en sí mismas”.

Volver a hablar, ahora, de los daños que produce (y producimos con) la psiquiatría, no en la época clásica, ni en un segmento pretérito de la era post-Pinel, si no en estos momentos. Tenemos que hablar de la psiquiatría de la que somos responsables.

Además de porque el análisis de los daños pasa por evitar la negación de los mismos (que no por evidente quiere decir puesto en práctica), porque, como muy bien está indicado, hablar de los daños implica enfrentar qué clase de psiquiatría estamos realmente practicando y produciendo.

El libro se suma a la corriente de los que se vertebran en la reivindicación del sujeto en oposición a objeto, pero su otro eje, la prevención cuaternaria, es el que lo hace más necesario y actual. Prevención cuaternaria, o daños de la práctica, o actualización del viejo primum non nocere. Un concepto que los médicos de atención primaria llevan manejando años (Gérvas) y que también está en la base de toda una corriente actual de psiquiatría crítica (Thomas, Bracken, Timimi, etc) del que este libro se podría decir que es una necesaria presentación. Entendemos que gran parte de su valor está en esta recogida y asimilación de un discurso que hasta ahora aquí (psiquiatría, española) no había sido conceptualizado. (Y por esto, con el autor, pensamos que el libro es oportuno para cualquier psiquiatra o médico de atención primaria “en formación”).

El libro está dividido en dos partes, una primera que es la propiamente crítica y cuestiona los daños (de las intervenciones coercitivas, de la medicalización de los sujetos sanos, de las intervenciones precoces y preventivas, y de los tratamientos psicofarmacológicos, psicoterapéuticos y rehabilitadores), y una segunda que trata de proponer alternativas (trabajo con narrativas, indicación de no tratamiento, prescripción juiciosa, psiquiatría crítica y centrada en las personas). Es la primera la que nos parece el núcleo del libro (a destacar el capítulo de los daños de la psicoterapia por su novedad), y la aportación más destacable.

No querríamos finalizar esta propuesta de lectura sin puntualizar que en ningún caso este libro nos parezca que está abogando por la liberalización de la psiquiatría. Apuntado en algunos pasajes (pg. 46) y como parte de la colección “Salud Mental Colectiva”, entendemos que el libro funciona como invitación a pensar en común y de manera crítica, que no es sinónimo de destrucción, una Salud (Mental) Pública.

“Creo, sin embargo, que rechazar no es nunca fácil y que debemos aprender a rechazar y a mantener intacto, mediante el rigor del pensamiento y la modestia de la expresión, el poder de rechazo que desde ahora cada una de nuestras afirmaciones debería verificar” (M. Blachot, El rechazo).

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