Desde la Asociación Madrileña de Salud Mental (AMSM) consideramos que el Protocolo de Atención a Personas con Trastorno de Déficit de Atención –Hiperactividad (TDAH) en Atención Primaria, vigente desde abril de 2023, es un documento de una precariedad conceptual y metodológica alarmante con graves consecuencias en la cronificación y agravamiento de problemas contexto- dependientes.
Desde el punto de vista teórico, aunque presenta diferentes marcos interpretativos, toma claro partido por las neuronarrativas, apoyando sus tesis en datos de estudios sobre los que no ofrece referencias que permitan el debate.
Plantea un cribado oportunista sin base científica que conduce a que todo niño sea susceptible de sospecha. Considera el diagnóstico precoz, como garantía de buen pronóstico, obviando las consecuencias que tiene en el desarrollo del niño una patologización temprana de su comportamiento. El protocolo conduce a una colonización del TDAH de todos los problemas que pueda presentar el niño en el aula o el adulto en otros contextos productivos, y a eclipsar otros elementos (el momento del desarrollo, dinámicas familiares, el contexto educativo o laboral, situación socioeconómica, variables culturales, otros problemas de aprendizaje… ) que pueden explicar su conducta, esto conduce a que queden desatendidos elementos clave para su bienestar.
Respecto a la metodología de evaluación, se utilizan prioritariamente escalas, que deben cumplimentar las madres, padres y profesores especificando la frecuencia de unas conductas que aparecen descontextualizadas, y, por tanto, son fácilmente atribuibles a un problema del sujeto. Estas escalas no contemplan que la presencia de este tipo de conductas puede estar relacionada con la etapa del ciclo vital, pueden ser reactivas a las características del contexto o a la dificultad del adulto para sostenerlo y atender a sus necesidades. Todo ello implica un riesgo evidente de que aparezcan gran cantidad de falsos positivos, que entrarán en el circuito sociosanitario, con consecuencias negativas en la construcción de la identidad, las relaciones con los iguales y el recorrido académico.
Respecto a la intervención, el texto vuelve a intentar ocultar su sesgo biologicista reflejando una aparente apertura a diversidad de tratamientos individualizados, pero dedica una página a la mención de las intervenciones psicoeducativas y las psicoterapias y diez a los fármacos, quedando en un lugar accesorio el abordaje de los determinantes psicosociales. No se menciona la iatrogenia de la prescripción farmacológica en niños y adolescentes en términos de interferencia en el desarrollo.
Tampoco se han declarado los conflictos de interés de los autores que ascienden a más de 20000 euros percibidos de parte de las compañías farmacéuticas propietarias de los fármacos dirigidos al tratamiento del TDAH, solo entre 2018 y 2021.
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