Reflexiones en torno al 7º congreso mundial de Hearing Voices

El pasado 6 y 7 de noviembre, se celebró el séptimo congreso mundial de Hearing Voices en Alcalá de Henares, y algunos miembros de la junta directiva de la AMSM tuvimos la fortuna de poder asistir. Nos gustaría escribir al respecto de todo lo que allí se vivió durante esos días, asumiendo que cualquier cosa que podamos escribir no va a poder dar cuenta de la cantidad de emociones, ideas, propuestas, críticas, alternativas, testimonios, etc. que experimentamos y compartimos todos los que allí estuvimos. Han pasado varios meses, pero no queríamos dejar pasar la oportunidad de escribir sobre ello.

Nos pareció muy interesante la diversidad de profesiones, ocupaciones, experiencias y procedencias de los ponentes que intervinieron, ya que transmitía la idea de que el sufrimiento psíquico y los problemas de salud mental no son una cuestión meramente “sanitaria”, sino que son algo más complejo y más amplio. La participación de filósofos, antropólogos, periodistas, activistas o “supervivientes de la psiquiatría”, entre otros, aportó una riqueza de matices, una amplitud de miras y una variedad de enfoques muy interesante, que nos parecen un antídoto fundamental frente al pensamiento único que puebla los distintos lugares de lo “psi”. Creemos que para los profesionales comprometidos con su trabajo, es imprescindible escuchar otros discursos procedentes de otras disciplinas no sanitarias, ya que de lo contrario se pierden una información muy valiosa para su práctica diaria.

Otro aspecto interesante fue la heterogeneidad de los asistentes. Compartiendo espacios había profesionales de la salud mental de distintos ámbitos, personas diagnosticadas, familiares, periodistas, etc., lo que permitía una gran riqueza en los comentarios y aportaciones que se realizaron en todos los espacios de debate. Parece que los estudios demuestran que la mejor manera de combatir el estigma y los prejuicios es el contacto directo entre las personas, y eso fue lo que sucedió. Todos los que acudimos nos enriquecimos del contacto entre personas, sin importar mucho la procedencia de cada cual. De hecho, la experiencia de poder hablar con alguien sin saber en calidad de qué estaba allí, fue tremendamente satisfactoria y enriquecedora. Si la mayoría de ponencias y de talleres fueron muy interesantes, los espacios de diálogo abierto y de debate que se daban tras los mismos, tanto dentro como fuera de la sala, fueron tremendamente interesantes. En cada grupo o corrillo se debatía, se compartían experiencias, se realizaban propuestas, se intercambiaban opiniones… Fruto de estos espacios seguramente irán surgiendo distintas iniciativas que enriquecerán el panorama de la salud mental durante los próximos años (de hecho ya hay algunas funcionando), algo que lleva años sucediendo en otros países de nuestro entorno.

Somos conscientes que este tipo de eventos e iniciativas generan opiniones muy diversas entre los profesionales que trabajamos en el ámbito de la salud mental, lo que nos parece positivo ya que de la diferencia de pareceres surge el debate y la creatividad, algo muy necesario. Entendemos que para algunos de nosotros resulte más fácil compartir algunas de las ideas que se plantearon durante el congreso, mientras que quizá otros se sientan atacados, cuestionados o infravalorados en su rol profesional. Desde nuestro punto de vista, y como profesionales con espíritu crítico, no nos sentimos atacados ni cuestionados, ya que compartimos gran parte de las críticas que se expresaron a lo largo del congreso. Podemos discrepar en algunos aspectos, pero no en el fondo. Consideramos que es necesario replantearnos ciertas creencias, prácticas y actitudes que impregnan nuestros servicios y nuestra labor profesional, y que en muchos casos no somos conscientes del impacto tan negativo que pueden llegar a tener en las personas a las que atendemos. Para ello nos parece fundamental contar con la opinión de las personas que son o han sido atendidas en nuestros servicios, en especial aquellas que son más críticas, ya que ponen el foco justo allí donde muchas veces no queremos mirar o encontramos los más diversos argumentos para justificar que, aunque miremos y veamos, no hagamos nada.

Escuchando muchos de los testimonios de las personas con sufrimiento psíquico que intervinieron en el congreso, quedó claro que no podemos seguir mirando para otro lado. Es algo que a los profesionales nos cuesta mucho aceptar, y siempre encontramos formas de mantener nuestras convicciones a pesar de que cada vez más evidencias las pongan en cuestión (ya sabemos que la teoría de la disonancia cognitiva opera en todos nosotros). Aunque este tema daría para una reflexión mucho más profunda, pensamos que como profesionales tenemos mucho que aprender de las personas que han pasado por situaciones de sufrimiento psíquico extremo, han sido diagnosticadas como “esquizofrénicas”, y se han recuperado muchas veces “en contra” de la opinión y “a pesar” de la ayuda de algunos profesionales. La primera reacción que tenemos muchas veces en estos casos no es la curiosidad, sino que es el cuestionamiento, la crítica y la desconfianza, pronunciando las palabras mágicas “ese no es como los pacientes que yo veo en mi consulta” o “ese no es un esquizofrénico de verdad”. Dando la vuelta al argumento, intuimos que muchos de nuestros pacientes que lean los trabajos de Marius Romme o de Joanna Moncrieff también podrán decir “esos no son como los profesionales que me atienden en la consulta”.

Sin lugar a dudas, lo más destacable y lo que diferenció este congreso de cualquier otro congreso del ámbito de la salud mental, fue la parte emocional y el contenido afectivo que impregnó cada rincón y a cada persona que allí estaba. Apenas se habló de datos “objetivos”, de protocolos, de estadísticas, de técnicas o de teorías, y cuando se hizo fue siempre en relación a cómo podían ayudar a las personas. En su lugar, el congreso transcurrió guiado por lo vivencial, lo experiencial y lo emocional, aspectos que son descalificados en los foros supuestamente “científicos” y catalogados como cierta enajenación que emerge naturalmente de los grupos. Pareciera que se invalida sistemáticamente lo que para los seres humanos constituyen evidencias de primer orden de lo que es útil o no en su recuperación. Creemos que todos los que allí estuvimos experimentamos cosas difíciles de explicar para los que no estuvieron. Muchos de nosotros sentimos la posibilidad de ser realmente honestos con nuestras vulnerabilidades y nuestra fragilidad, pudimos estar cómodos en nuestra verdadera piel, despojarnos de la exigencia del rol profesional y sentirnos algo más humanos, en definitiva.

Siguiendo el título de congreso, nos parece que es necesario seguir construyendo en común. Pensamos que es normal que surjan desconfianzas y reticencias entre profesionales y usuarios de los servicios de salud mental en ambas direcciones, ya que estamos muy poco acostumbrados a compartir espacios de reflexión y de debate críticos y horizontales. Fruto de estos espacios compartidos, pueden surgir ideas y propuestas que permitan avanzar hacia una atención más humanizada, más respetuosa y más útil para las personas que experimentan sufrimiento psíquico y hacen uso de nuestros servicios.

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