Editorial Boletín núm. 40

Estamos

Durante los últimos años, en especial en nuestras jornadas y congresos hemos hecho un esfuerzo por hacer crecer nuestro discurso, ampliando nuestro saber profesional desdibujando las categorías que nos separan para de verdad poder ser multiprofesionales e interdisciplinares más allá de las siglas. Hemos intentado crear espacios de encuentro para los diálogos más difíciles, y buscar palabras nuevas para las profesiones y la salud mental que queremos construir. No somos el único colectivo sumido en transformar la realidad; sin ir más lejos escasos días antes de que se escriba este editorial se ha firmado en las jornadas nacionales de la AEN-PSM un manifiesto destinado a crear unos servicios de salud mental respetuosos con los derechos humanos y libres de coerción, firmado por varios colectivos. Un manifiesto que pretende señalar la puesta en marcha de mecanismos de cambio que ya no pueden pararse. No es desiderativo, es descriptivo de lo que ya está en marcha y es imparable. Una creciente red de colectivos reivindicativos así lo avala.

Al fin y al cabo la sensación universal ante la representación de la antigua psiquiatría en la ficción, con su dolorosamente no exagerada violencia, es un “menos mal que dejamos de hacer esas cosas”. Es absurdo pensar que dentro de setenta años no pensaremos lo mismo de la atención a la salud mental que proveemos ahora. Para construir el alivio de dentro de unas décadas hacen falta muchos factores. El que los profesionales vislumbremos otra forma de trabajar. Que lo veamos juntos en nuestros cónclaves pero también en el día a día del trabajo, en las consultas individuales, en los grupos, en las urgencias, en los dispositivos de rehabilitación, etc. Y también que quienes gobiernan, quienes diseñan, quienes manejan los recursos nos proporcionen las herramientas necesarias para una evolución que no podemos hacer solos.

Estamos en ello. Nos hemos reunido con los responsables de sanidad de los distintos partidos que persiguen gestionar los recursos públicos. Creemos que el papel de un colectivo de profesionales es también poder hacer presión a los legisladores, aportando nuestra perspectiva, y así lo estamos haciendo. En ciertos argumentarios para partidos políticos, en resoluciones presentadas en la Asamblea de Madrid, en Propuestas No de Ley, podemos ver datos y conclusiones extraídos de nuestros informes y nuestro trabajo. No sólo del de esta junta directiva, ni de la anterior, sino del saber acumulado y el trabajo por parte de los profesionales que desde 1987 conformamos este proyecto.

Editorial tras editorial hemos señalado la progresiva dilución de los planes de salud mental, la oscuridad de los datos oficiales, el grito escandaloso de los que nosotros hemos recabado (valga de ejemplo la violenta asimetría de las listas de espera en salud mental infanto-juvenil, asimetría e inequidad que, lejos de ser una excepción, consideramos una constante en nuestros maltrechos servicios públicos). Consideramos una obligación de la AMSM el proporcionar a profesionales/usuarios pero también al grueso de la ciudadanía una radiografía de los servicios de salud mental que ofrecemos. Desde lo oficial se puede vender éxito en volutas, se pueden manipular las cifras, se puede vivir en una eterna campaña en la que anunciar a bombo y platillo lo que suena bien pero apenas se necesita mientras se dejan abandonados aquellos frentes que podrían garantizar la equidad, la accesibilidad y la universalidad de la atención. Valgan de ejemplo áreas con decenas de programas monográficos pero un abandono flagrante de las estructuras básicas del área, convirtiendo a los centros de salud mental en dispositivos eternamente atascados. Desde lo oficial se puede vender todo eso, pero no nos pueden quitar la información que obtenemos de primera mano en nuestro día a día.

Por eso es preciso estar en la agenda política, es preciso que lo que vemos a diario llegue a los que pueden hacer cambios estructurales. Porque desmantelar el modelo de áreas es una decisión política. Abolir las jefaturas de distrito y dejar que áreas enteras dependan de jefaturas de hospital lejanísimas (no sólo en distancia) a las necesidades de los ambulatorios y de la comunidad es una decisión política. Las últimas décadas han estado dominadas por el discurso de la eficiencia, de los números pretendidamente apolíticos, neutros, carentes de intención. Esa “gestión basada en los números y no en las ideas” es la misma que ha pervertido los “basados en la evidencia” hasta convertirlos en una herramienta del poder. Un poder que a día de hoy sigue teniendo como prioridad fragmentar lo público y mercantilizar la atención. Y observamos esta dinámica en el desmantelamiento de las áreas y en muchísimas otras medidas, que nos venden como avances de la ciencia, como modernización de la atención, cuando en verdad son políticas neoliberales, que destruyen lo levantado hasta la fecha y salan los campos donde pretendemos sembrar un futuro distinto.

Es preciso estar en el día a día de los profesionales, es preciso estar con las reivindicaciones de los usuarios, y también es preciso estar sobre las mesas de los legisladores. Y estamos.

Junta de la AMSM

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