Entender la psicosis y la esquizofrenia

El mes pasado la British Psychological Society publicó un documento de 175 páginas y acceso libre llamado Understanding Psychosis and Schizophrenia. El texto está escrito por los psicólogos más sobresalientes del Reino Unido en el campo de la psicosis: Peter Kinderman, Richard Bentall, Mary Boyle, Lucy Johnstone, John Read, David Pilgrim, Philipa Garety… así como “diagnosticados” que se han profesionalizado brillantemente en el campo de la psicología y que ya tienen un renombre internacional: Eleanor Longden, Rufus May, Jacqui Dillon…

capture2El resultado es un documento que recoge de manera clara y concisa el pensamiento entorno a la psicosis que se está desarrollando fuera de la psiquiatría oficial alineada con el modelo biomédico, fundamentada en el DSM y patrocinada por la industria farmacéutica. De esta manera, el texto propone acercarse a las experiencias psicóticas como fenómenos inusuales pero en un continuo con la normalidad y que pueden entenderse como una respuesta al sufrimiento dentro del contexto de la biografía del sujeto. Para ello, claro está, hay que escuchar a nuestros pacientes y considerar entonces, la psicoterapia como una herramienta de primer orden en el tratamiento. La crítica al reduccionismo biomédico se pone de relieve también en el cuestionamiento a las etiquetas diagnósticas o los tratamientos con neurolépticos casi como única respuesta terapéutica y por periodos de tiempo indefinidos, sin considerar los efectos adversos que producen, especialmente a medio y largo plazo. En el texto se llama a una mayor participación del usuario y una reivindicación de sus derechos, que muchas veces no se consideran durante todo el proceso de atención.
Como era de esperar, las respuestas a esta publicación no se han hecho esperar y se ha generado un debate en las redes sociales sumamente interesante.


A los pocos días de su publicación, apareció una revisión crítica que generó sucesivas contestaciones y réplicas de los autores del documento y de los revisores. Las críticas principales iban dirigidas a la reivindicación que se hace en el documento de la terapia cognitivo conductual (CBT) como tratamiento más eficaz en la psicosis cuando su margen de beneficio es estrecho y también se cuestionaba el papel marginal que se daba a los neurolépticos y la visión dicotómica entre modelo médico y psicológico cuando se pueden considerar complementarios, según estos autores. El debate se puede seguir tanto en las contestaciones del blog como en twitter donde unos y otros argumentan sus respectivas posturas.
Sin embargo, las críticas más llamativas han surgido desde profesionales próximos a la ideología del documento (y críticos con el modelo biomédico reduccionista). Philip Thomas argumenta de forma brillante el sesgo racial que late en el documento al no considerar todas las peculiaridades de los afrocaribeños (una comunidad relativamente numerosa en Gran Bretaña), cuando estos son diagnosticados de esquizofrenia en mayor medida, sufren más medidas coercitivas, reciben menos psicoterapia y sus experiencias de abuso ligadas al racismo se han asociado a la aparición de psicosis.
Por último, el documento tampoco se salva de la crítica desde posiciones más psicoanalíticas. Desde esta perspectiva, se cuestiona una vez más a la CBT como la mejor alternativa en el tratamiento de la esquizofrenia (“una reducción de la psicoterapia a un juego tecnocrático de números”) y la ausencia absoluta de pensamiento psicoanalítico en todo el texto. Igualmente, cuestiona la reducción de la comprensión de la psicosis a la respuesta a un suceso traumático, sin más, y reivindica la existencia en el sujeto de una estructura que favorece esa respuesta psicótica y que es esencial en la comprensión y en el tratamiento.
En definitiva, Understanding Psychosis and Schizophrenia es un documento de lectura obligatoria por lo que plantea (con sus sesgos y deficiencias) y por el debate abundante en argumentos que ha suscitado y que nos hacen tomar conciencia del limitado conocimiento que tenemos de la psicosis y de las herramientas terapéuticas tan precarias (y a veces dañinas) que manejamos.

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