El cierre del Centro de Salud Mental de Navalcarnero.

No por esperado deja de ser doloroso. Tras 24 años de funcionamiento el Centro de Salud Mental de Navalcarnero desaparece, haciéndose cargo de la atención ambulatoria de Salud Mental de esta zona el servicio de psiquiatría del Hospital Rey Juan Carlos de Móstoles gestionado por CAPIO. Desde la inauguración de este hospital de gestión privada en Marzo de 2012 la suerte del CSM de Navalcarnero estaba echada, pese a que publicamente el Director General de Hospitales, Antonio Burgueño, y el responsable de la Oficina Regional de Coordinación de Salud Mental, Guillermo Petersen, sostenían que el centro permanecería abierto si demostraban “una demanda y actividad significativa”. Hace un año comentábamos en esta entrada como este planteamiento era una burda manipulación y que el cierre del centro era una medida irracional desde el punto de vista de los pacientes. Simplemente esperaban a que CAPIO pudiera hacerse cargo de la atención con la apertura de su centro de especialidades. De hecho a principios de este año no se renovó a la psiquiatra de infantil del CSM pasándose la atención a las consultas externas del hospital.  Conscientes de que el traspaso de la atención a manos privadas va a suponer un cambio en el modelo de atención de salud mental los profesionales y usuarios iniciaron una serie de movilizaciones en defensa de su centro, que con el autoritarismo al que nos tiene acostumbrados no fueron escuchadas por los responsables sanitarios.

El cierre del CSM de Navalcarnero es una mala noticia que nos duele especialmente. Inaugurado a finales de los años 80 el CSM de Navalcarnero era un servicio cercano a la población a que atendía,  con muchos años de experiencia en la  atención a las personas con enfermedad mental  y a  sus familiares  y con una filosofía de trabajo enfocada no sólo a la atención meramente psiquiátrica  sino con una perspectiva rehabilitadora, de atención comunitaria y trabajo en red para favorecer la integración de las personas con enfermedad mental, con un Programa de Continuidad de Cuidados, muy consolidado  y eficaz, y con gran  implicación de un equipo de profesionales que, desde los auxiliares administrativos hasta los profesionales sanitarios seguían creyendo en un modelo de atención centrado en las personas y sus necesidades, pese al abandono de los responsables sanitarios. Desde aquí nuestro mayor reconocimiento al trabajo realizado.

El cierre de Navalcarnero es un símbolo de los tiempos que corren en la red de salud mental madrileña. Atrapados todos en la lógica de mercado, la salud mental comunitaria tiene difícil encaje. La complejidad de los procesos asistenciales y de las necesidades de las personas con enfermedades mentales, sobre todo los más graves, no cuadran con un sistema cuyo paradigma de eficacia es la alta resolución (evaluar mucho y tratar poco). El trabajo en red, la coordinación entre niveles, el trabajo en equipo, las intervenciones psicosociales o la continuidad de cuidados, es decir lo que verdaderamente ayuda a los pacientes, son invisibles a los indicadores de eficacia. En estas reglas de juego las empresas privadas hacen su agosto y las que sufrimos tanto profesionales como pacientes. . El CSM de Navalcarnero se va a sustituir por unas consultas de psiquiatría y psicología clínica en el nuevo centro de especialidades que acaba de abrir CAPIO en Navalcarnero. Desconocemos de momento en que va a consistir, pero por la experiencia de otros centros que ya gestionan, nos tememos que repetirán un modelo más cercano a las consultas externas de cualquier otra especialidad que a la creación de un nuevo equipo de salud mental comunitario. No dudamos que serán de los mejores en cumplir los indicadores de eficacia que se han diseñado como traje a su medida. Tampoco dudamos de que maximizarán su rentabilidad atrayendo pacientes de otras zonas con consultas con un modelo de alta resolución que luego facturaran al SERMAS. Tampoco dudamos de la profesionalidad de sus trabajadores muchos sometidos al silencio o la perversión de los incentivos. Dudamos sin embargo que mantengan, un modelo de atención con las características que exige la complejidad de nuestra tarea. Esa tarea era el reto que enfrentaba desde hace 24 años el CSM de Navalcarnero que ahora cierra.

 

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